31 mayo 2006

No sé...

No sé siquiera qué es un blog. Tampoco cómo funciona exactamente. Sin embargo, sí sé que éste nació para vivir "cerrado". Lo lanzo al ciberespacio como el que lanza una botella de las que llevan un mensaje dentro al mar.

Si alguien se lo encuentra, léalo con cariño. Si alguien se lo encuentra, que sepa que lo hicimos (y digo "lo hicimos") entre unos cuantos "piraos" que poblaban un foro de los cientos que existen en la red.

La única diferencia con otras novelas es que ésta nació sin ninguna pretensión y fue captando a sus personajes de los habitantes del propio foro y sus recomendaciones fueron atendidas "on line".

La novela somos nosotros. Nosotros somos lo escrito. Lo escrito es nuestro espejo deformado convenientemente para que lo que somos literariamente nos ilusione cada día. De cada personaje salió un héroe, el que todos llevábamos dentro y gracias a nosotros las cosas en el mundo funcionan mejor.

¿Qué más se puede pedir? Soñar es gratis, aunque a veces cuesta trabajo. Nosotros soñamos porque quisimos. Y soñamos muy bien.





13.- El final



"Ten muy presente que los hombres, hagas lo que hagas, siempre serán los mismos". MARCO AURELIO

"Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo". PROVERBIO ÁRABE.

"La historia es testimonio de los tiempos, la luz de verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, anunciadora de lo porvenir". CICERÓN.




Todo era verdad. Parecía increíble. ¡Todo era verdad! Me había costado horas y horas conseguir descifrar aquel viejo USB. ¡El Coyote existió, no cabía ninguna duda! Mi padre y él eran como hermanos. ¡Cuántos días y cuántas noches había esperado para encontrarme con esto! Aquellos ordenadores y el sistema operativo que utilizaban habían desaparecido hacía ya muchos años, esa fue la parte más difícil porque eran sistemas de escritura, sistemas táctiles. Mi trabajo de investigación por fin daba resultados. Aquel pequeño cofre de madera que mi padre escondía bajo llave como un tesoro guardaba el maravilloso secreto. Nunca me podré sentir más orgulloso de él. Ahora ya lo sé.
Durante veintisiete años los militares gobernaron España. Fueron años muy duros y nunca lograron que el país estuviera totalmente calmado. Ahora una huelga, ahora un boicot... Hoy, seis años después de su caída, la joven democracia española había renacido más fuerte que nunca. Ya no había bandos, aquellos absurdos bandos de antaño. Ni luchas fratricidas. Ni vencedores ni vencidos. Y todo gracias a un grupo de locos que desestabilizó durante ese tiempo a los militares y que consiguió que España entera hiciera causa común. Durante su mandato habían intentado averiguar cómo se comunicaban sin éxito alguno. Tampoco consiguieron averiguar quiénes eran los integrantes de la subversión. Los constitucionalistas hacían vida normal entre los sublevados. No supieron cómo detenerlos. Sólo sospechas. Alguna desaparición. Muchas detenciones. Pero nada. Extendieron su red por todo el territorio nacional. Ni la inteligencia militar pudo infiltrarse. Aquella finca sirvió de base y centro de comunicaciones de la resistencia, nunca lo averiguaron.

¿Quién lo hubiera imaginado? Josemi Juardo, dos veces ganador del Planeta y a la espera de recibir el Cervantes, era uno de ellos, de los más importantes. Ni sus libros ni sus apariciones en público hicieron sospechar nunca nada. Ahora yo lo sabía. Era el único que de momento lo sabía. Aquello era una bomba. Su última intervención fue para un programa de televisión. El Señor Juardo fue el encargado de hacer y leer el texto del sermón de bienvenida a la Virgen de la Macarena a Sevilla. ¿Quién iba a imaginar que el que la robó, era el que la recibía en su lugar de origen? Había aparecido misteriosamente en la puerta de la Basílica unos días antes. Perfectamente cuidada y más radiante que nunca.

Aquel grupo de chiflados había conseguido lo que se propusieron a través de aquel rehabilitado foro en internet. Comunicaciones en tiempo real bajo el secreto de los códigos y la encriptación de mensajes. Personajes nuevos y relativamente sospechosos aparecían y desaparecían habitualmente bajo el mandato de la inteligencia militar. No consiguieron descubrirlos. Bajo la apariencia de mensajes sin importancia, se escondían los verdaderos mensajes que ayudarían a caer a los militares. Aquel grupo creía en España, en su España, en la que siempre vivieron, no en la España de sangre y oro y fiestas por cada esquina. Creían en la España del trabajo en silencio, la de la igualdad de oportunidades, la de la razón y la ley, la España de la coexistencia sin traumatismos. La España en democracia.


Mi tío Pablo era el Ministro de Interior del nuevo gobierno progresista. Mi tío fue el falso traidor. Zorro fue su mano derecha. Ahora también. Siempre soñó con un cargo de gerente y ahora era Director General en el Ministerio ¿quién lo diría? Mi tío nunca habló de nada. Ni siquiera en las reuniones familiares que se producían a menudo. Ni una palabra que hiciera entrever la realidad. Todo era tan delicado que se debió comunicar con mi padre a través del sistema que inventó Juardo. La familia, a lo largo de los años, se juntó en diversas celebraciones. El comportamiento de Pablo siempre fue el mismo. Sí es cierto, ahora me doy cuenta, que el tema de la guerra y los militares siempre fue tabú, pero no es menos cierto que siempre pensé que era debido a la diferencia de ideologías entre mi padre y mi tío. ¡Qué equivocado estaba!

La mayoría de los miembros de aquel foro se habían colocado durante el Directorio Militar en puestos clave. Poco a poco, sin levantar sospechas. Su labor de acoso y derribo dio por fin resultado. Franpan, el loco del "franfumé", lo acabó comercializando y ahora tiene la mayor empresa tabaquera de Europa. Aclara es la presidenta del Tribunal Supremo. Durante mi entrevista con ella no saqué nada en claro. Ahora entiendo por qué una persona con ese cargo tan importante me recibió tan pronto. Pero todavía no se atrevían a contar nada. Habían sido muchos años de "doble vida", angustias y secretos y ninguno se atrevía a dar el primer paso. Escarolain acababa de hacerse cargo del Hospital de La Paz y Demonio, al que le gustaban tanto los coches, estaba a punto de jubilarse como Presidente de Seat. ¡Ahora entiendo aquella absurda huelga! Días y días de barricadas y paradas las cadenas de montaje, apoyados implícitamente por su Presidente. Era absurdo, el primer presidente de una gran empresa que apoyaba una huelga de obreros. Casi le cuesta el cargo, pero sobrevivió. Todo ello ayudó a desestabilizar. Todos hicieron algo por derribarlos.

Mi padre dirigió la Central durante 20 años. Cuatro años después de la victoria de los militares fue nombrado Director. Ni el último de los soldados podía imaginar siquiera que fue uno de los artífices de la caída de los militares. Ni siquiera nosotros, su familia, a quien siempre protegió con su secreto. Todas las noches se encerraba en aquella habitación, delante de su viejo "pentium", y pasaba horas y horas sin que nadie le pudiera molestar. Su carácter se volvía arisco cuando alguien entraba sin llamar a la puerta. Mi hermana y yo temíamos entrar en aquel cuarto. Ni siquiera mi madre intuía quién era en verdad mi padre. Nunca dijo nada. Tres años antes de la caída de los militares, cuando se encontraba trabajando en el Despacho de la Central, varios militares se lo llevaron. Rinconcete nada pudo hacer, a pesar de ser el Jefe del Estado Mayor. Nunca nos explicaron nada. Nunca supimos nada. Se lo llevaron. Simplemente.

Pero hoy estoy orgulloso de él, más que nunca. Y del Coyote, sea quién sea. No he conseguido todavía averiguar quién fue. Puede ser cualquiera. Ya da igual. Y de todos los demás, a los que ahora miro de otra manera. Consiguieron lo que se propusieron. Perseveraron y lo consiguieron. Hoy estamos de nuevo en Democracia gracias a ellos. Mark Doones ahora es el Alcalde de Navalmoral, el pueblo con mayor renta per capita del país. Mon es uno de los ganaderos más prósperos de la región. En su finca tiene una de las ganaderías de reses bravas más importantes del mundo de los toros, gracias, en parte, al conocimiento y ayuda de Clementain, que además es uno de los juristas mejor relacionados del país. Compró el despacho donde trabajaba y ahora se mueve por media Europa. Withy, Jabogón, Pocholiño, Mercedes y Aijas Leo también desempeñan y desempeñaron cargos importantes y fueron artífices de la victoria final. Mercedes, dueña de la editorial Mundo Sano. Jabogón ha sido durante quince años el entrenador del equipo de baloncesto del Real Madrid y ahora trabajaba para la radio como comentarista deportivo. Pocholiño con su cadena de restaurantes. Aijas con su Escuela de Idiomas y los cursos por internet y Withy accionista mayoritaria de las Destilerías DYC.

¿Quién me iba a decir que Korrone era el Director General de la cadena Per? Aquel viejo pelirrojo era el periodista más influyente de España. Oigo la radio todos los días y nunca pensé que su jefe era también uno de ellos, el de Radio Liberación, la mítica emisora. ¿Cómo podía imaginarlo? La semana pasada estuve con Balich, que trabaja mano a mano con él, y tampoco me dijo nada. Tampoco me extrañó en ese momento que me recibiera pronto cuando le dije quién era. Estoy seguro que me lo quería contar, pero no se atrevió. "Busca en las cosas de tu padre" fueron sus misteriosas palabras. Moraes hizo de su joyería una franquicia con tiendas por toda España: Estampaciones Moraes era el nombre de la cadena. Kurdo es el jefe del mayor sindicato de España, el Presidente de la OJETÉ.

Sin embargo, de algunos no he conseguido averiguar nada todavía: Cibor Caxa, Javi Tonavas, Pilo, Erpiti, Rosita… ¿quién sería Rosita? ¿Dónde estará? Parecía que se la hubiera tragado la tierra. Aquel alma poética había desaparecido. Puede que se quedara a vivir en Portugal con su príncipe azul. Puede que no. Quizás algún día lo averigüe. Tampoco he sabido el paradero de Pilo. ¿Continuaría con su doble vida? ¿Qué hizo durante el Régimen? Desparpajo tenía para sobrevivir sin problemas. Hay respuestas que no sé, todavía no sé. Puede que tampoco las sepa nunca. ¿Y Erpiti? Tampoco conozco su paradero. Si sé que no murió, escapó con vida de la emboscada en los Pirineos. Balich me dijo que había organizado la resistencia desde Pau, pero tampoco he podido averiguar nada más.

Después de la caída de los militares nos devolvieron a mi padre. Ya no hablaba. No decía nada. Casi cinco años estuvimos sin saber de él. ¿Loco? Mi padre no puede estar loco. No sabemos qué le hicieron, si le torturaron o no. Lo torturaron, seguro. Sus marcas en brazos y espalda decían que sí. Ahora no dice nada. Sentado en aquella silla de madera, mira el campo por la ventana sin decir palabra. Ahora sé que tampoco delató a nadie, debió sufrir mucho, pero no delató a nadie. El que se estaba volviendo loco era yo hasta que encontré el viejo llavero USB. Tenía que averiguar por qué se llevaron a mi padre y por qué nos lo devolvieron en aquel estado. Coyote escribió lo que pasó en aquellos días y se lo entrego a él, su amigo, su hermano. Lo guardo siempre. Era su tesoro. Ahora lo entiendo todo. Su cabeza sigue allí, en aquel mundo que le volvió loco por proteger a sus amigos. Pero precisamente eso me da esperanzas de que un día pueda volver a la realidad. Mi padre traerá de nuevo a su mirada que, perdida, está más allá de aquella ventana. Algún día traerá su cabeza del limbo en el que está. Desde aquella habitación del sanatorio, con un bolígrafo y un papel, sólo escribía y escribía. Siempre las mismas cosas. Siempre las mismas palabras. Siempre las mismas letras. Nunca supimos por qué lo hacía. Nunca supimos qué quería decir. Aquellas palabras no tenían sentido. Ahora sé que volverá de allí donde esté. Ahora tengo esperanzas. Mi padre volverá. De eso estoy seguro. Siempre escribía el mismo texto, las últimas palabras que dejó escritas Coyote en aquel USB:


"Cuando la alegría es un sueño, la esperanza sigue intacta. Cuando la alegría me inunda, el alma sólo se agranda. Cuando es traviesa alegría, descubre y salta montañas. Cuando esperamos alegres, nadie puede parar nada. La sorpresa y la paciencia harán que callen canallas, que viertan su sangre en ríos y purguen sus andanadas. Que por vencer y ganar esta lucha sin cuarteles, algunos de mis amigos cayeron sin los laureles de saberse agradecidos por la victoria final. Y vencerán los vencidos. Y perderá quién ganó. Porque está lucha escondida es para darle al traidor, para darle con el mazo de la ley y la razón".




FIN.

12.- El traidor




"Nunca pude admitir una utopía que no me deje la libertad que yo más estimo: la de obligarme". GILBERT K. CHESTERTON


Las palabras de Danipé nos habían descolocado a todos, pero parecía tener razón. El correo de Pablo era español y los correos españoles, con los servidores capados, no funcionaban. Bueno, no todos, funcionaban los que ellos querían que funcionaran. Y eso le había más sospechoso. ¿Pablo era un traidor? No podía ser. Pablo era el máximo valedor de los constitucionalistas. Había iniciado todo. La página de internet, el correo, la vida en la finca… Nos había mandado a por los códigos, conocía todos nuestros pasos, estaba en contacto con Kurdo en Lisboa,… ¿Para qué? ¿Acaso pretendía quedarse con ellos? ¿Era una forma de conseguirlos para los sublevados? ¿Doble espía? Si eso fuera así, estábamos perdidos. Conocía todos nuestros movimientos y los de los habitantes de la finca. Estábamos todos en peligro. Había que descubrirle como fuera.

Antes de despedirnos de Danipé y de Mark, trazamos el plan. Tendríamos que volver a la finca e intentar averiguar si Pablo era un traidor o no. ¿Pero cómo? Habíamos decidido no enviar el poema de Juardo al correo electrónico. Danipé lo copió en un USB y me lo entregó. Sólo si conseguíamos averiguar si Pablo era de los nuestros lo entregaríamos. Si sospechábamos lo más mínimo, deberíamos destruirlo y matar a Pablo. ¿Matar a Pablo? ¿Cómo íbamos a hacer eso si llegaba el momento? Pablo no podía ser un sublevado. Estabamos llegando de nuevo a la finca. Otra vez allí. Pero ahora el panorama era diferente. Ninguno de los cuatro había hablado ni una sola palabra en todo el viaje. No era para menos. Se nos habían caído todos los esquemas. Por mi cabeza llegó a pasar la idea de que lo mejor sería que nos detuvieran. Pablo era un traidor. O eso parecía. Todo se venía abajo. ¿Cómo encararíamos la situación? ¿Cómo se lo preguntábamos? Danipé se había quedado llorando. Pablo era su hermano, su único hermano, pero si era un traidor tendríamos que acabar con él. No había otra solución. El Cortijo se veía ya a lo lejos…

Franpan: Pues yo se lo pregunto directamente…
Aclara: Que no lo puedes hacer así, Fran.
Franpan: Nada, nada. Yo le digo ¿tú eres un puto traidor de mierda o qué?
Jabogón: ¡Tú te callas! No dices nada y esperas acontecimientos.
Franpan: Y cuando él me diga ¿traéis los códigos?, yo le contesto: Sí, "pa" que nos denuncies, "so cabrón".
Aclara: ¡Que no! Que primero tenemos que tantearle…
Franpan: Vosotros le tanteáis y yo, cuando se despiste, le pego un tiro en los "huevos".
Jabogón: ¡Pero qué burro eres!
Franpan: De burro nada. Lo que no se puede hacer en esta vida es "engañar con engaños" a un amigo. A un amigo se le dice la verdad, aunque duela.
-- Tienes razón Franpan, pero todavía no sabemos si está con ellos o no. Tenemos que averiguarlo.
Franpan: ¡Pues ya me dirás cómo…!

Zorro y Mon salieron a recibirnos. En la finca todo seguía igual. Enseguida nos preguntaron por el viaje y se quedaron un poco descolocados con nuestras respuestas. No traíamos los códigos, eso fue lo que les dijimos. Les contamos que Danipé y Mark esperaban nuestras noticias y que eran de los nuestros, cosa que no gustó especialmente a Zorro, que había considerado siempre a Danipé como un colaborador de los militares.

Mon: Pues ahora sí que estamos apañados…
--¿Por qué?
Zorro: Sin códigos y sin Pablo…
Jabogón: ¿Cómo que sin Pablo?
-- ¿Dónde está Pablo?
Mon: No lo sabemos
Zorro: Ha desaparecido.
Franpan: ¿Qué ha desaparecido? Os lo dije. Es un traidor.
-- ¿Cuándo ha desaparecido?
Mon: Después de iros vosotros.
Zorro: Cuando nos levantamos ya no estaba y no sabemos nada de él desde entonces.
Aclara: Entonces estamos todos en peligro…
Zorro: ¿Por qué?
Franpan: Porque va a ser, porque es un "puto" traidor.
-- ¡Calmaos! Puede que no sea así.
Jabogón: Las sospechas de Dani van a ser ciertas. Pablo es uno de los sublevados.
Zorro: ¿Pablo? ¡No jodas! Sabe todo de mí…
Mon: De ti, de mí, de aquel, del otro, de mi abuelo,… de todos, Zorro, de todos.
Zorro: ¿Y dónde voy a vivir ahora? A España no puedo ir y aquí ya no estamos seguros…
Aclara: ¿Qué hacemos?
Fran: Meterle un tiro en los "huevos".
Zorro: Si es un traidor vendrá con más gente…
-- ¡Vamos dentro y hablamos con todos! ¡Hay que darse prisa!

Aquella tarde fue una de las más tristes de los dos últimos meses. Y las más ajetreada. Pablo había desaparecido. Nadie sabía nada. ¿Nos habría traicionado? No sabíamos qué hacer. Tendríamos que marcharnos de la finca, sacar de allí a toda la gente. En principio la finca era el lugar más seguro para todos. En Portugal, que además apoyaba explícitamente a los constitucionalistas, nadie nos podía hacer nada. Pero si nosotros estábamos allí, nada impedía que miembros del ejército o algún comando se introdujera en Portugal y nos masacrara. Ya no estaríamos seguros si conocían nuestro escondite. Reuniones y reuniones en las que se acababan oyendo todo tipo de disparates. Así pasó la tarde. Si el final de la guerra era inminente y todos nuestros esfuerzos para el futuro se habían dirigido a aquellos códigos estábamos perdidos. Podríamos poner en marcha el sistema, pero Pablo sabía lo de los códigos y si era un sublevado, antes o después, se haría con ellos. Más bien antes se encontraría con alguno que se los diera. ¿Qué hacer? Nuestro secreto se había roto. Nuestras esperanzas también. Nuestro futuro se aparecía incierto…

-- ¡Nos tenemos que ir de aquí!
Withy: Sí, pero ¿a dónde vamos?
Escarolain: Y ¿qué hacemos con los heridos?
Zorro: No sé. En las películas los buenos se van y dejan a los heridos porque se supone que a ellos no les van a hacer nada…
Rosita: De eso nada, "salao". De dejar aquí a los heridos nada. Yo me voy a donde vayáis.
Balich: ¿Y toda esta gente? Seremos casi doscientos ¿qué hacemos?
Franpan: Hay que largarse, en eso estamos todos de acuerdo ¿no?
Mon: Sí ¿pero cómo? ¿a qué sitio?
Balich: El sitio es lo de menos. Hay que salir de aquí, como sea.
Aclara: Vamos a ver, los únicos que estamos en peligro somos nosotros.
Franpan: ¿Cómo?
Aclara: Que los únicos que estamos en peligro somos nosotros, precisamente sus amigos…
Mercedes: ¿Adónde quieres ir a parar?
Juardo: Pues está claro, clarísimo diría yo. Que nosotros somos los que tenemos que marcharnos. A los demás no les van a hacer nada.
Clementain: Eso es, si Pablo es un traidor lo único que quiere son los códigos. A esta pobre gente no les van a hacer nada…
Zorro: Pues entonces hay que hacer las maletas rápido...
Franpan: Sí hombre, las maletas… y después facturamos los equipajes….
Balich: Hay que llevarse sólo lo imprescindible, Franpan tiene razón.
Withy: … y preparar a esta gente ¿quién se queda al cargo de la finca?
Mon: Mi abuelo. A él le va la marcha y no se querrá ir.
Rosita: ¿Y yo?
Escarolain: Tú y yo nos quedamos. A nosotros no nos van a hacer nada. Yo tengo que cuidar a los heridos y tú no te puedes mover.
Rosita: … Está bien, pero que conste que no estoy de acuerdo.
-- ¿Y tú? ¿qué harás?
Petrífico: Yo me quedo. A mí no me van a hacer nada porque estoy protegido por el Señor. Éste es un lugar maravilloso y aquí esperaré hasta el final. Nunca soñé un lugar como éste para mi vejez. Id vosotros. La Virgen os protegerá…

Las noticias de las tres fueron peores aún. Se estaba acabando todo. León había caído sin resistencia y las tropas sublevadas avanzaban hacia el Norte. La lucha se desarrollaba ya en las calles de Bilbao y la Ría de Navía superada sin problemas. Bombardeos en Gijón y Oviedo. España estaba cayendo. España ya había caído. No faltaba nada para el desastre final. Francia e Israel habían reconocido el nuevo gobierno de los militares. El paso para ellos era fundamental: si los países extranjeros empezaban a reconocer el nuevo régimen se aceleraría todo. Llegaba el final. Era el final.

El salón de trofeos de caza del Cortijo se había convertido en el punto de reunión de la partida. Varias mochilas por los suelos. Víveres para unos días. Habíamos decidido echarnos al monte. Tendríamos que sobrevivir como pudiéramos y esperar acontecimientos. La finca tampoco iba a ser el refugio seguro que soñamos para los que se quedaban, el lugar donde cualquiera que llegara estaría a salvo. Los acontecimientos se volvían a precipitar. Mon parecía ser el único contento por aquella situación. Su estancia en la finca se estaba haciendo insoportable. Era el único ávido de aventuras, puede que por la influencia de su abuelo que últimamente parecía perseguirle a todos lados. Korrone estaba nervioso, era la primera vez que le veía así. Se mordía las uñas con la mirada perdida en el fondo de la chimenea. Había vivido situaciones mucho peores con el MSU y Radio Liberación, pero lo de Pablo le había descolocado. Casi ni hablaba. Se acercaba el momento de salir. Todo estaba preparado. Estabamos reunidos en el salón. De repente, alguien entró y gritó "¿Se puede saber qué estáis haciendo? Era Pablo.

Franpan: ¡A por él! ¡Sujetadle que le meto un tiro!
Zorro: ¡Agarradle! ¡Que no se escape…

Sin dar tiempo a que se explicara, Pablo fue reducido. Balich y Franpan le sujetaban y los demás estábamos preparados por si se le ocurría moverse, por si hacía algún movimiento extraño. Todo se había precipitado.

Franpan: ¿De dónde vienes "alma en pena"? ¿Nos ibas a dar "garrote"?
Pablo: ¿Se puede saber de qué habláis?
Zorro: ¡Joder! … Además disimula fatal.
Franpan: ¡Métele un tiro en los "huevos" Balich!
Pablo: ¿Pero vosotros estáis idiotas?
Balich: ¿De dónde vienes?
Pablo: De Lisboa.
Franpan: ¿De viaje de novios?
Pablo: Vengo de una reunión con el Presidente.
Franpan: Ya, ¿con el de los Estados Unidos y el de Mozambique?
Korrone: Dejadle que se explique. Callad.
Zorro: Pero que se explique bien, que me estoy poniendo muy nervioso y me conozco…
Pablo: Vosotros no estáis bien. Seguro que esto es cosa de mi hermano.
Korrone: Tu hermano no tiene nada que ver con esto. Él nos abrió los ojos, pero nada más.
Franpan: ¡Canta rapidito, colega! Y di algo que nos podamos creer porque la horca está ya calentita. Te está esperando. Canta, aunque sea el "gavilán o paloma"…
Pablo: ¡Mira que sois brutos! Vengo de Lisboa. Traigo noticias nuevas.
Franpan: El "Buruaga" también contaba cosas nuevas y le despidieron… así que no te hagas el interesante y habla. "Asín son las cosas…"
Pablo: La guerra se acaba. Mañana harán el comunicado los presidentes. Todos juntos. Es el final.


Pablo venía de Lisboa. Era el final. Eso decía. Todo había acabado. En Lisboa estaban los principales responsables de los partidos democráticos de España. Zapatero, Aznar, Felipe González y Alfonso Guerra, a los que el destino había vuelto a juntar, los presidentes autonómicos, con la única excepción del catalán, del que nada se había vuelto a saber desde el inicio del conflicto. Harían una declaración conjunta. Un manifiesto en el que se instauraba el Gobierno Democrático en el exilio. La guerra había terminado. Esa era la señal. Ahora había que poner todo el empeño en echar a los que se habían apropiado la libertad de un pueblo. Ahora comenzaría un nuevo trabajo. Pablo intentaba convencernos de que todo lo que decía era verdad. La mayoría, aunque eran creíbles sus apreciaciones, no confiábamos ya en él. ¿Por qué se fue sin decir nada? ¿Quién le avisó? ¿Qué pasaba con el correo español de la página de Alegreactiviti? Había muchos cabos sueltos y tendría que explicarse. Tendría que convencernos de que lo que decía era verdad y algunos no estaban por la labor.
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El manifiesto estaba preparado. Desde el final de la Guerra Civil no había habido un gobierno en el exilio. Portugal apoyaba firmemente aquella declaración, siempre ayudó a la causa de los constitucionalistas. Daba refugio y mantenía económicamente al Presidente y a los políticos españoles. Hasta un anciano Calvo Sotelo, efímero presidente del país, hizo de Lisboa su casa. Los líderes españoles al unísono. ¿No podían haberlo hecho antes? Siempre nos uníamos cuando ya no había solución. Aquel era el verdadero mal de los españoles, parecía heredado de generación en generación y durante siglos. Siempre los mismos errores. Los últimos meses antes de que estallara el conflicto sólo se respiraba tensión. No había intervención pública en la que un político o un partido no culpara de todos los males al contrario. Acusaciones sin sentido que crisparon el ambiente como nunca antes se había visto. Tensiones innecesarias en un país que se había convertido en la envidia de Europa. Bajaba el paro, la economía crecía a un ritmo desbordante, las empresas españolas triunfaban no sólo en España sino también en cualquier país en el que se establecían y, desde los tiempos de Felipe II no ocurría, empezaban a considerarnos como gente seria. Serios y trabajadores.

Pablo inició de forma directa su explicación. A estas alturas se había dado cuenta de forma nítida que aquello no era ninguna broma. Su vida corría peligro y debía ser claro. Tenía enfrente a los que siempre fueron sus amigos, deseosos, por otra parte, de que su información fuera verdad. Pero las cosas no pintaban bien. Nada bien.

Pablo: La mañana que os fuisteis a Navalmoral vino a buscarme Javi Tonavas. Coyote le conoce, es el individuo que le recogió del Bar La Plaza de Valencia de Alcántara y le trajo por primera vez a la finca. Vino a por mí para llevarme a Portugal. El Presidente necesitaba organizar el nuevo gobierno y el primer paso era crear las infraestructuras. Reclamaba a los suyos para el golpe final. Por eso me fui sin decir nada. Acudí a la llamada de Portugal. Me recogió con la furgoneta y me dijo que nos teníamos que ir. Eso es todo. Por eso no avisé. No me dio tiempo.
Mercedes: ¿Y el correo? ¿Cómo explicas lo del correo? ¿Por qué si la página es portuguesa el correo es español?
Pablo: Eso no tiene importancia. Es cosa de Javito. Él es el titular real de la página y creo que tiene redireccionado el correo a Portugal. Es una tapadera. Él es el enlace con Lisboa y con España. Él es quien me informa de los movimientos políticos. Él fue quién me avisó de tu llegada –dijo mirándome fijamente – y al que tuve que dar permiso para que te recogiera. Yo no sé cómo lo hace. Si sé que me avisa de todo y que es mi enlace con el exterior.
Las explicaciones de Pablo estaban empezando a cuadrar, cuando menos eso me parecía a mí. ¿Nos habíamos equivocado con él? Las caras de los presentes empezaban a cambiar, sus gestos aparecían ahora más relajados. Le dejamos que siguiera hablando y terminara sus explicaciones. Franpan y Balich le habían soltado. Ahora sí hablaba con convencimiento.

Pablo: La guerra ha terminado. El manifiesto de Lisboa es el fin. Hay que prepararlo todo para resistir y echar a los militares. ¿Tenéis los códigos?
Zorro: ¿Y si no los tenemos?
Pablo: Si no los habéis traído lo pasaremos mal. Los códigos son necesarios. He dado mi palabra en Lisboa. Les dije que los conseguiríamos.
Balich: ¿Y cómo nos podemos fiar de ti?
Pablo: ¡Vamos fuera y lo comprenderéis!

Salimos rápidamente de la casa y nos encontramos de bruces con un pequeño camión. A través de los cristales se dibujaba la figura de dos hombres. Franpan fue directo a la parte trasera del vehículo y abrió el compartimento de las mercancías. Aquel camión estaba lleno de ordenadores, impresoras y artilugios informáticos. Del camión se bajaron aquellos dos individuos. A uno no le conocíamos de nada. Dos metros de estatura, gomina en el pelo, y cartuchera por debajo de los hombros. Debía ser un guardaespaldas. La imagen del otro nos dejó impresionados a todos. Vestido con unos pantalones de tela gris y una camisa blanca. Barba poblada, muy poblada, y poco pelo. Nos dejó impresionados a todos menos a Franpan, que se había introducido en el camión y no vio nada.
Zorro: ¡Es Ruseacaba!
Aclara: ¿Quién?
Zorro: ¡Ruseacaba! La mano derecha del Presidente.
Balich: ¡No jodas!
Zorro: Os lo dije…
Mercedes: ¿Nos dijiste qué…?
Zorro: Os dije que Pablo no podía ser un traidor. Pablo siempre ha sido uno de los nuestros. No nos podía engañar.
Korrone: ¡Qué cara tienes, Zorro!

Pablo continuó en el exterior con la conversación después de presentarnos a Ruseacaba. Aquel individuo era bastante más feo que lo que transmitía su imagen televisiva. Hicimos un círculo a su alrededor, expectantes ante lo que nos pudieran decir.
Pablo: ¿Tenéis los códigos o no? ¿Me creéis ahora?
Franpan: ¡Cómo nos lo vamos a pasar! – interrumpió gritando mientras asomaba su cabeza por el lateral del camión -. Esto está lleno de "chismes" de los que a mí me gustan. ¡Han venido los Reyes Magos!
Escarolain: Pero ¿para qué es todo eso?
Pablo: La finca va a ser el centro de comunicaciones de la Resistencia. Traemos los equipos informáticos necesarios para que esto ser convierta en la base de operaciones. Desde aquí nos comunicaremos con todos. ¿Habéis conseguido los códigos?
¡Aquí están! –Le dije mientras sacaba el llavero U.S.B del bolsillo y se lo entregaba-
Pablo: Pues ahora, os dejáis de tonterías y películas de guerra y vamos a descargar el camión. Hay que montar los equipos rápidamente y probar el sistema.

Franpan bajó del camión y se dirigió a Ruseacaba, le pasó la mano por encima del hombro y le dijo:
Franpan: ¿Te conozco? ¿No nos hemos visto antes? Tu cara me suena…
Ruseacaba: Esto….
Franpan: ¿Conoces el Franfumé? ¿Sabes lo que es?
Ruseacaba: No, la verdad es que…
Franpan: Pues ven conmigo "coleguita" que lo vas a "probá". Vas a flipar en colores coloraos…
Continuará...

11.- Los códigos




"El secreto que pusieran en tu pecho, guárdale con mayor lealtad que si te hubiese fiado un gran tesoro" Juan Luis Vives



Giorgio Rinconcete era un amigo de la infancia. Había estudiado siempre con los dos. Era un buen tipo, pero era militar de carrera y no me podía fiar del todo. Aunque Danipé dijera que era de los nuestros, a mí no me cabía en la cabeza que alguien con rango de general no estuviera con los sublevados. Navalmoral estaba totalmente controlado y no había ningún problema. Lejos del frente y con cientos de militares por toda la zona era un lugar seguro, el más seguro quizás. Pero yo no me podía fiar. Le insistí en que no se le ocurriera ni por sólo un momento contarle que estábamos aquí, a lo que accedió sin mostrar oposición. En la habitación del hostal nos esperaban los demás. La cara de Danipé había cambiado, hasta las ojeras parecía que le hubieran desaparecido de su cara. Después del barullo provocado por el encuentro, le pusimos al día de todas nuestras andanzas. Le contamos todo lo que se cocía en la finca y el viaje con Petrífico, del que se alegró profundamente. Aunque Danipé y el cura habían estado media vida juntos, sus caracteres no llegaron a casar del todo. "Te temo cual vara verde", eran las palabras que Petrífico siempre le dedicaba con cierta sorna cuando se veían.

La habitación no era muy grande, pero suficiente para acoger a cinco personas. Debatimos durante largo rato qué hacer. Danipé no sabía si el poema de Juardo estaba en lo que él había grabado o no. Aquel viejo llavero USB tenía una capacidad limitada y en el foro se había escrito mucho, muchísimo. ¡Hasta un libro se había escrito por entregas por uno de los "foreros" durante la última etapa del foro! Hasta que no viéramos lo que había grabado no sabríamos si el viaje había valido para algo o no. Hasta que no se hiciera de noche no podríamos saberlo. Danipé tenía el ordenador y el USB en su casa. Era el único sitio seguro para verlo. Pocholiño nos subió a la habitación una botella de whisky y unos refrescos que bebimos hasta agotar en compañía de Danipé.

Danipé: Tendremos que hacerlo esta noche.
Franpan: ¿Y para qué esperar tanto?
Danipé: Antes no se puede. Hay muchos militares por las calles y tampoco me fío de mis vecinos. Tendréis que ir esta noche a mi casa y de dos en dos. Mark también libra esta noche y nos echará una mano.
Aclara: ¿Mark?
Danipé: Sí. Tú lo conoces. Mark Doones, aquel inglés del viaje a Europa…
Aclara: ¿El Bardo?
Danipé: El mismo que viste y calza.
-- Y ¿qué hace aquí ese? ¿No trabajaba como Sereno o algo así?
Danipé: Casi. Trabaja en el turno de noche en la Central y vive conmigo. Es un buen tipo. Esta noche le veréis.
Franpan: ¿Y en tu casa tienes "botellitas" de whisky como éstas del Pocholiño?
Jabogón: ¡Franpan, que esto es muy serio!
Franpan: ¡No te equivoques nunca! Serio se pone el hombre si no tiene algo que engañe su conocimiento. Cuando un hombre engaña a su conocimiento sonríe. No me preguntes por qué pero sonríe. Incluso se llega a "descojonar".
Danipé: No te preocupes, Fran, algo para beber habrá. Los militares me hacen de vez en cuando algún que otro regalo…
Franpan: Algo bueno tenían que tener esos "hijos de puta"…
Danipé: Y ya sabéis: no hagáis ruido. Primero que vayan Aclara y Jabogón, agarrados de la cintura, como si fueran pareja, y, cinco minutos después, Coyote y Franpan.
-- Así lo haremos. A las nueve y media estamos allí.

Mark Doones era hijo de ingleses, pero español de nacimiento. Siempre le gustó mucho viajar: La Patagonía había sido su último destino antes del conflicto. Algunos le llamaban cariñosamente "el Bardo" en recuerdo del entrañable personaje de Asterix que siempre acababa atado a un árbol mientras los demás estaban en el banquete. No sé de dónde venía su nombre pero sus salidas nocturnas hacían que el final de cada noche se asemejara al del personaje en muchas ocasiones: No acababa atado, pero en alguna ocasión terminó "esposado" en las dependencias policiales. Personaje nocturno donde los hubiera, el turno de noche de la Central era el lugar ideal para alguien que hacía vida como las lechuzas.

Teníamos que darnos prisa. Las noticias de las nueve habían sido desesperanzadoras. Los sublevados tenían arrinconados en el Norte del país al ejército constitucionalista. Ahora sí estaba cerca el final. El desenlace sería cuestión de días. León, Oviedo, Gijón, Santander y Bilbao eran los únicos núcleos grandes en población que sobrevivían al infierno. Por el Oeste la Ría de Navía y el Embalse de Arbón hacían frontera con la España sublevada y había logrado detenerlos un poco. Por el Este había caído Durango. El Puerto de Bilbao era un hervidero de gente intentando huir como podía. Cualquier embarcación era buena para salir de España con dirección a Francia. Y desde Santander a Inglaterra. Por el Sur ya estaban a las puertas de León. El desastre era inmediato. Se hablaba incluso de capitulación. Pero ¿quién la firmaría? El Presidente seguía en Lisboa y nada indicaba que pensaran en una rendición. Había llamado a sus mandos más fieles para darles las últimas instrucciones.

Jabogón y Aclara habían llegado antes que nosotros. Franpan y yo acabábamos de entrar. Allí estaba Mark esperando. En medio del salón, tenían montado los ordenadores: dos monitores, varias cajas y un montón de cables y luces por todos lados. Aquello parecía cualquier cosa menos el salón de una casa familiar. El entretenimiento de sus habitantes parecía ser la informática. Danipé apareció desde el pasillo con un pequeño cofre de madera que estaba cerrado con un gran candado, totalmente desproporcionado con el tamaño de aquella cajita de madera. Introdujo una pequeña llave que tenía guardada en un bolsillo y la abrió. Sacó dos llaveros USB del interior. Si el poema de Juardo no había sido borrado, estaría en uno de ellos.

Mark: ¿Habéis visto las noticias? La cosa está muy mal.
Aclara: Nos tenemos que dar prisa. Tenemos que volver a la finca inmediatamente.
Franpan: ¡Vaya "virguería"! ¡Qué pedazo de máquinas habéis "montao"! ¿Y esto funciona?
Danipé: No te dejes llevar por las apariencias. El equipo que tenemos aquí, para lo mal que están las cosas, es de lujo. ¿Sabes lo difícil que es encontrar componentes?
Franpan: Pero si estoy "alucinao". De verdad. ¿Utilizais el HPFS? –dijo mientras se sentaba en uno de los puestos y empezaba a manejar aquel ordenador-
Jabogón: Y ¿qué "coño" es eso?
Franpan: Ostin, pues el High Performance File System, un sistema de archivos de alto rendimiento que utiliza el OS2 opcionalmente para organizar el disco rígido en lugar del habitual de FAT.
Aclara: ¡Esto sí que es una sorpresa! Franpan es un genio de la informática.
Franpan: Tanto como un genio no. Pero casi. Mi vida son los bytes. ¡Un modem HSP! No necesitais chips especiales. ¡Qué listos! ¿Funcionan el concentrador HUB y el HX?
Danipé: Sí, funciona todo. Quítate de ahí que tenemos que trabajar –dijo metiendo cada llavero en un puerto de cada ordenador-
--¿Qué tenemos que hacer?
Danipé: Hay que buscar el poema. No guardé ningún orden cuando descargué los mensajes. Tenemos que buscarlo. Unos aquí conmigo y otros en ese con Mark. El que lo encuentre que avise. No toquéis nada.

Cientos de mensajes pasaron ante nuestros ojos. No pudimos evitar leer de nuevo algunos de ellos. Pero el poema no aparecía. Empezábamos a desesperarnos. El viaje no había valido para nada. Tanto riesgo para nada. No podía ser. Las noticias de la guerra eran peores. Danipé no los había guardado en orden. Se los había descargado por lo que él entendía como prioritario. Aunque nadie decía nada, la tensión era grande. De repente nos sobrecogimos con la voz de Mark. "Lo tengo, lo tengo, ahí está. Tiene que ser ese".


PLANTO POR LA VIRGEN DEL BESAMANTO
No estabas en la Montaña, tampoco en Santa María. España ya no España, ¡ay Virgen del Besamanto, gloria de la tierra mía! Pero ya todo es espanto y Cáceres un erial ¿estará tu santuario en el árido ferial? Recuerdo los luminosos días de abril y de paz en que besaba tu manto en las fiestas del Guomaz. 15JH

Danipé: ¿Y ahora qué?
-- Hay que meter el código.
Danipé: ¿Qué código?
-- El que nos ha dado Juardo. Tenemos que intercalar la contraseña. Detrás del "15" hay que poner "Ciudad". Detrás de la "J", hay que poner "Vaticano" y detrás de la "H", "23-11-04". Después pulsar la tecla intro.
Danipé ¿Ya está?
-- Sí. Es lo que nos ha dicho.
Danipé: Pero ¿qué coño significa todo eso?
-- Pues la información está guardada bajo "15JH" que significa "15 de julio" y "hombre", la fecha de su nacimiento y su sexo. Lo que ponía en la ficha de su perfil del foro.
Danipé: ¡Ya! Y se desencripta poniendo Ciudad del Vaticano y la fecha esa ¿no? ¡Vaya idiotez!
-- Eso es. El lugar de nacimiento que ponía Juardo en la ficha de su perfil y la fecha en que se dio de alta en el foro. Así es Juardo, ya le conoces.
Jabogón: ¿Y eso es ultra secreto? ¿Para eso hemos hecho el viaje?
Mark: Esperad. Tened paciencia. Voy a hacerlo a ver qué pasa.

Mark introdujo la clave como nos había dicho Juardo y pulsó la tecla intro. Inmediatamente empezaron a salir cientos de letras y números. Letras y más letras. Números y más números. Eso debía ser la informática cifrada pero ninguno entendía nada, menos Franpan que miraba la pantalla con cara de asombro. Ahora tendríamos que seguir las instrucciones de Pablo. Tendríamos que enviarlo por correo electrónico a su dirección. Danipé entró en internet e introdujo la dirección de ALEGREACTIVITI, la página de la empresa de comunicación portuguesa que me sirvió de enlace con los de la finca. Revisó todo de arriba abajo. Abrió todas las pestañas. Por fin vio la dirección de correo de Pablo: sinpensániná@piedra.es.

Franpan: Son archivos binarios. El cifrado se basa en certificados X.509 y el uso de VPN cifrada.
Aclara: ¿Pero qué dices?
Franpan: ¡El Juardo es un artista!
Danipé: La verdad es que el Juardo se lo ha currado.
Jabogón: Pero si lo descubrió por accidente…
Franpan: Claro. Pero hasta en los accidentes hay que estar. El Doctor Fleming descubrió la penicilina de "chiripa". Se le olvidó tapar el "taperware". Pero ¿de quién era el taperware?
Aclara: ¡Qué simpleza y qué claridad, amigo mío!
Franpan: Llámame genio, simplemente. Venga, Danipé, dale al botón "sin pensá ni ná".
Danipé: No.
-- ¿Cómo que no?
Danipé: ¡Que no!
Franpan: Pero ¿qué dices? Dale que nos tenemos que ir.
Danipé: ¡Que he dicho que no!
-- Pero ¿por qué?
Danipé: ¡Está con ellos!
Jabogón: ¿Quién?
Danipé: Mi hermano está con ellos. No me fío.
Franpan: ¿El Pablanga con ellos? ¿Tú eres el listo que todo lo sabe? Anda ya…
Danipé: Mi hermano está con los sublevados.
Aclara: Pero si nos ha mandado aquí. No puede ser…
Danipé: Mirad la extensión de su correo. Es un correo español y la página es portuguesa. Algo no cuadra.
Jabogón: Joder Dani, es tu hermano.
Franpan: Sí, pero eso no tiene nada que ver. Ahí le doy la razón. Los hermanos Calatrava son hermanos y mira cómo es uno y cómo es el otro.
Mark: Entonces ¿qué hacemos?
Danipé: No sé. Dejadme que piense.
Continuará...


10.- El misterio

"Una verdad sin interés puede ser eclipsada
por una falsedad emocionante" Aldous Huxley.



Habíamos salido de la finca temprano. La finca era una maravilla al amanecer. El campo extremeño era muy generoso y ya nada indicaba que se hubiera quemado todo hace unos años. Extremadura, a pesar de los tópicos, era verde durante nueve meses del año, pero sus altas temperaturas en verano hacían que cada temporada estival fuera un suplicio para la lucha contra los incendios, unas veces fortuitos y la mayoría de las veces intencionados. Nadie podía parar eso. Cuando el fuego empezaba en la sierra extremeña no había medios técnicos para pararlo. Hacer cortafuegos estaba prohibido y los antiguos, los hechos por el desaparecido ICONA, si se querían limpiar, había que hacerlo a mano. El descolinamiento, como lo llamaban, había que hacerlo manualmente en pleno siglo XXI y contratar braceros como en la Edad Media. Aclara conducía el coche. Jabogón y Franpan estaban sentados en la parte de atrás, mientras yo me entretenía curioseando un mapa con las carreteras y caminos que tendríamos que coger, tanto las principales como las secundarias en caso de apuro. Jabogón no paraba de recriminar a Franpan su comportamiento, se encontraba con fuertes dolores de barriga por el atracón de la noche anterior.

Franpan: ¡Para! ¡Para el coche que voy a vomitar!
Jabogón: Te lo dije. ¿Sabes cuánto pesa un lomo de cierva?
Aclara: No era una cierva, que era macho y muy macho.
Jabogón: Pues eso. Se te ha cortado la digestión. El lomo más pequeño pesa por lo menos un kilo.
Franpan: ¿Un kilo?
Jabogón: Un kilo por lo menos, "salao". Si alguien "se cena" más de un kilo de carne, con ciruelas, setas, vinagre y pimienta, todo ello regado con un litro de vino malo de pitarra, lo más normal, normalísimo diría yo, es que se le corte la digestión.
Franpan: ¡Para Aclara que vomito!

Detuvimos el coche en el arcén de la carretera. Franpan había ido detrás de unos matorrales a devolverle al campo lo que siempre fue del campo. No habíamos encontrado ni un solo vehículo hasta allí. La carretera otra vez desierta y Brozas se encontraba apenas a cuatro kilómetros de distancia. Entre los papeles que había enviado Moraes se encontraba uno del Gobierno Militar de Cáceres autorizando la cuadrilla y que ahora guardábamos como si se tratase de un tesoro. Sólo hubo que poner nuestros nombres en aquel papel. Luego, ropa de cazador, unos fusiles y unos brazaletes negros en el brazo derecho. La cuadrilla de la "buena muerte", como la empezó a llamar Franpan siniestramente. El único problema que podríamos tener en el camino era la falta de gasolina. En aquellos días, las cuadrillas podían recargar combustible en las pocas gasolineras que permanecían abiertas, pero necesitaban unos bonos que extendían los militares a los "autorizados" y que lógicamente no teníamos. Para evitar esto, habíamos metido en el maletero del coche dos bidones de gasolina portuguesa camuflados entre la ropa de "cambio".

Mientras observábamos a Franpan, que volvía cabizbajo de su heroica gesta, un vehículo con dirección a Valencia de Alcántara se detuvo bruscamente unos cuantos metros más adelante del nuestro. Era otra cuadrilla, pero ésta era auténtica. Era una cuadrilla de los sublevados. Aquel viaje parecía torcerse, no empezaba bien. Del vehículo salió un individuo que con ostensibles gestos de mando impidió que los otros ocupantes que le acompañaban se bajaran. Era Pilo. ¡Joaquín Pilo otra vez! Estábamos de suerte. O eso creíamos.

Franpan: ¡Estamos muertos! ¡Es el Pilo! ¡Dame el fusil que ahora sí lo mato…!
-- ¡Calla Franpan! ¡Estate quieto que es de los nuestros...!
Franpan: ¡Los cojones me voy a estar quieto! A ese le meto un tiro que le destrozo "la puta la barriga".
Jabogón: Que sí, que es de los nuestros Franpan. ¡Estate quieto que vas a fastidiar todo! Trabaja con Moraes en la Joyería y el salvoconducto que llevamos lo ha falsificado él. Seguro.
Franpan: ¡Me "cago en los cojones"! Espero que sea verdad...
Aclara: Tiene que ser verdad Fran. Si te dicen que te estés quieto…
Franpan: Yo no suelto el dedo del gatillo por si acaso… Como "se me tuerza" le meto un tiro en los "huevos".
-- ¡Calla y disimula! Que no le oigan los otros.

Con paso alegre y firme, que en nada hacía recordar sus continuos ataques de gota, Pilo se acercó a nosotros. Nos había reconocido de inmediato, no había la menor de las dudas. Se cuadró y nos hizo un saludo con el brazo extendido al frente y la palma de su mano abierta hacia abajo, al que respondimos Jabogón y yo de forma inmediata e inconsciente. Franpan no soltaba el fusil y Aclara parecía bloqueada. La situación, aunque tensa, se tornaba incluso absurda por quiénes componíamos la cuadrilla. No dejaba de ser nuestra primera actuación en el nuevo teatro de los sublevados. Aquello, de salir bien, nos serviría de piedra toque para actuaciones venideras.
Pilo: ¡Joaquín Pilo, el brazo armado de la sublevación! – dijo gritando para que le escucharan los ocupantes de su vehículo -.
Franpan: ¡Aquí la cuadrilla de la "buena muerte"!… "No te jode"
Pilo: Hablad bajo, que no oigan la conversación los que van en el coche… que no se enteren de nada. ¿A dónde vais?
Franpan: ¡A ti te lo vamos a decir! ¡Estás "grillao"!
-- A Navalmoral, a ver a Danipé – le dije mientras recordaba que Moraes nunca se llegó a fiar del todo de Joaquín- . Pero no podemos contar más… lo tienes que entender.
Pilo: Lo entiendo, lo entiendo… Lo mejor es no saberlo: si algo no sé, no lo puedo contar. ¿Es ese el secreto?
Franpan: ¡Eso es! Has "acertao" de pleno "plenamente".
Pilo: ¿Vais por Plasencia?
Aclara: ¿Por dónde si no…?
Pilo: ¡Ni se os ocurra entrar! Esta noche ha habido "fiesta" y hay controles por todos lados. Los del MSU la deben haber liado gorda esta vez. Tenéis que ir por la autovía. No entréis en Plasencia. Es más seguro que vayáis por la autovía. Más rápido y más seguro.
Jabogón: Pensábamos ir por "secundarias"…
Pilo: Es más seguro por la autovía, insisto.
-- Y ¿Almaraz? Habrá controles por todos sitios…
Pilo: No pasáis por allí. La nueva autovía os deja un poco antes de Navalmoral y ya pasado Almaraz, que es donde hay más controles. Hacedme caso.
-- ¿Cómo está Moraes?
Pilo: Bien, ayer estuve con él. Va todo bien.
-- Dile, cuando le veas, que Withy no fue a Sevilla. Se vino conmigo a Aracena. Que envíe otro reloj al militar.
Pilo: ¿Withy?
-- Sí, tú dile solamente eso. Él lo entenderá. Dile que está bien y que no la espere.
Aclara: ¿Damos el pego como cuadrilla?
Pilo: Casi…
Franpan: ¿Cómo que casi…? Vamos "niquelaos".
Pilo: Van "niquelaos". Todos menos tú. Cámbiate el brazalete. Se lleva en la derecha.
Franpan: ¡Joder!
Pilo: ¡Que tengáis suerte!
-- Gracias Joaquín.

Se despidió de nosotros con otro saludo al frente al que respondimos todos esta vez, incluido Franpan, al que por saludar se le cayó al suelo el fusil. Era la segunda vez que nos dejaba pasar. Quizás Moraes estaba equivocado y Joaquín sí era de fiar. No lo sabíamos todavía. Hasta que no terminara el viaje no podríamos saber si era de los nuestros o no. Nadie le impedía que nos denunciara y fuéramos detenidos más adelante por otra cuadrilla o que nos tendieran una emboscada los militares. Aunque en la conversación con él me había equivocado: Pilo no sabía nada de Withy y yo le había hablado de ella. Se extrañó, pero tampoco dijo nada. Él no estuvo en casa de Cibor. Moraes había evitado explicar al resto de colaboradores que Pilo era de los nuestros. Le había permitido trabajar para él y hacer falsificaciones, pero nada más. Ni siquiera le dijo la hora ni el lugar del que tendríamos que salir cuando fuimos a Aracena. El único consuelo que me quedaba es que gracias al encuentro, ahora Moraes no tendría problemas: enviaría un nuevo reloj al Coronel Sonao y nadie sospecharía de él. Podría seguir haciendo su trabajo.

Navalmoral era un pueblo con mucha actividad. Cabecera de la comarca del Campo Arañuelo, lugar estratégico desde hacía mucho tiempo. A tiro de piedra de las comarcas de La Vera, La Jara o Las Villuercas y a 180 kilómetros de la capital de España. Con la construcción de la Central Nuclear en el vecino y pequeño pueblo de Almaraz su desarrollo económico había eclosionado. Sin embargo, ahora parecía olvidar su historia. En la Guerra Civil fue frontera entre nacionalistas y republicanos, hecho éste que le costó varios bombardeos, con heridas todavía visibles en algunos de sus edificios más antiguos. Navalmoral había sido roja y republicana. Muchos de sus hijos murieron en ese empeño. Sus nietos ahora nada podían hacer. ¡Quién la había visto y quién la veía ahora! La Central Nuclear, de un interés estratégico mayúsculo en la guerra, había hecho que toda la zona fuera inmediatamente controlada por los militares, que ahora atestaban sus calles. No se podía dar un paso sin ver soldados.

El Hostal Cholla estaba en el cruce de la carretera de Talayuela. Ese era nuestro destino, donde podríamos comer y dormir, si fuera preciso. Además era el lugar ideal para controlar a Danipé ya que a la otra parte de la carretera, un poco más allá, estaban Los Ramados, antiguo Hotel Tranquilía de los años setenta que había sido transformado recientemente en lujoso Restaurante y donde los militares y sus simpatizantes se reunían, bien a comer, bien a beber. Era su punto de encuentro. Según Jabogón, Danipé siempre estaba allí. Era raro el día que no comía o cenaba en aquel lugar. Nosotros tendríamos que controlar el restaurante desde el Cholla. En el momento en el que apareciera Danipé, yo tendría que salir a buscarle. Tendría que tantearle primero para que no sospechara y, después, traerle al Cholla para que hablara con los demás.

Pero nuestras sorpresas no acabaron ahí y la situación se nos puso otra vez de cara. De nuevo habíamos tenido suerte, excesiva quizás. Cuando llegamos al hostal nos encontramos de bruces con Pocholiño: era el encargado del Cholla. Titi Pocholiño o Pocholiños Brown, como a él le gustaba llamarse, antiguo miembro del foro que un día desapareció sin dejar casi rastro. Su único recuerdo fue un CD con viejas canciones que grabó junto a algunos miembros del foro. Trabajaba como aparejador en la rehabilitación del Cholla cuando estalló el conflicto. Los dueños del hostal huyeron a toda prisa por temor a que los fusilaran por sus antecedentes familiares marxistas y confiaron aquel lugar al bueno de Pocholiño, que se ofreció de buen grado por no tener a dónde ir.

La alegría fue inmensa. La tranquilidad para los miembros de la cuadrilla de la "buena muerte", mayor. Aparte de la información que nos proporcionó sobre los extraños movimientos en Los Ramados, donde además se hacían todo tipo de negocios, nos facilitó tres habitaciones en el hostal que daban a la carretera. Así podríamos controlar todo mejor. Hacíamos guardia en las ventanas por turnos hasta que alguien viera a Danipé. Pocholiño nos había dado de comer estupendamente y nos habíamos podido duchar con jabón bueno y toallas con olor a suavizante. Aclara bajó de la habitación pálida, conocía a Danipé de un viaje que hicieron años atrás a Israel.

Aclara: ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Es él!
Franpan: ¿Pero dónde?
Aclara: Ahí, en la puerta del restaurante, hablando con ese militar.
Franpan: ¡Cago en la leche! Militar dice… si es un general, por lo menos
-- ¡Es él!
Jabogón: ¡Coyote tienes que ir a por él!
-- Esperad a que se vaya ese. Cuando se despida del militar…
Franpan: ¡Ahora! ¡Corre!

Crucé la carretera rápidamente. El encuentro con Danipé había hecho que se me volvieran a caer algunas lágrimas. Estaba más delgado y sus ojeras delataban que no lo estaba pasando bien. No hizo falta decir nada, en su mirada se veía claramente que a pesar de lo que pudiera parecer, Danipé no estaba bien. Parecía triste. Demacrado. ¿Deprimido quizás? Fuera lo que fuere lo que le estaba ocurriendo no podía ser bueno. Su aspecto no era bueno. Cuando se abrazó a mí lo noté enseguida: aquel debía ser el único abrazo sincero que había recibido en mucho tiempo. Ahora la cara se le iluminaba. Danipé no podía estar con los sublevados, eso no podía pasar. Nunca.

-- ¿Quién era ese?
-- ¿El militar?
-- Sí ¿es amigo tuyo?
-- Y tuyo también…
-- Yo no tengo amigos militares, no me "jodas".
-- Pues ese es amigo tuyo. Ha cambiado algo, pero le conoces bien. Gracias a él soy un privilegiado en la Central.
-- … un privilegiado y un cabrón, por las noticias que me han llegado.
-- Seré lo que tú quieras pero mi familia está antes que todo esto…
-- Pero si tu mujer está mosqueada contigo. No entiende qué te está pasando…
-- ¡Ya se enterará! Es más seguro que ella no sepa nada.
-- Pero ¿quién era ese?
-- El general Rinconcete, como con él casi todos los días.
-- ¿Giorgio?
-- El mismo que viste y calza.
-- ¿Pero ya es general?
-- En la guerra todos ascienden rápidamente, Coyote. A Giorgio le enviaron al principio como responsable de la Central, es el Jefe Supremo aquí. Tal y como están las cosas me interesaba llevarme bien con él.
-- Pero es un jefe de los sublevados.
-- Sí y no. Formalmente sí. Es el encargado de la Central. Y aunque militar, no está con ellos, o por lo menos, no está con ellos del todo. Su trabajo es relativamente fácil y no se mete en complicaciones. Entre los dos hemos salvado a muchos de una muerte segura. Él hace su papel y yo hago el mío. Ya te lo contaré.
-- Y tú ¿cómo estás?
-- Bien, dentro de lo que cabe. Echo mucho de menos a todo el mundo. Aquí estoy casi sólo y no tengo noticias de nadie desde que estalló la guerra. Sólo me ayuda Mark.
-- Pues yo te he traído a unos pocos. Y noticias también.
-- ¿No jodas? ¿Quién ha venido?
-- Ya te lo explicaré. Vamos a verlos. Están ahí, en el Cholla. ¿Qué hiciste con los mensajes?
-- ¿Qué mensajes?
-- Con los del Foro. ¿Los borraste?
-- ¿Para qué quieres saber tú eso?
-- ¿Los borraste o no?
-- Depende…
-- ¡Joder! Es muy importante. ¿Los has borrado?
-- No.
-- ¿Usaste las claves?
-- No. El Kurdo me desautorizó y no pude entrar. Las claves las tenía sólo él. Se cabreó conmigo cuando borré aquel mensaje y me quitó el acceso.
-- ¿Entonces? ¿Cómo lo hiciste?
-- Pasaba el tiempo y los mensajes estaban ahí. Muchos eran muy comprometidos. Todos los días miraba para comprobar si el Kurdo los había borrado. Al final me harté…
-- Pero ¿cómo lo hiciste?
-- "Hackeando" las claves. Me hice pasar por Administrador y conseguí acceder. Luego copié casi todos los mensajes en el "uesebe"…
-- ¿Casi todos?
-- Joder, había muchos. Guardé casi todos los que me pudieran ayudar el día de mañana. Los comprometidos solamente.
-- ¿Y el resto?
-- Los borré.
-- ¿El Hermano Papel? ¿Guardaste ese Subforo?
-- Algo. No todo.
-- La madre que te parió…
-- Pero ¿por qué?
-- Porque nosotros venimos a por eso. Juardo ha inventado un sistema de comunicación que está encriptado en un poema que se llama "A la virgen del ferial" en el Hermano Papel ¿Lo recuerdas?
-- No sé. De Juardo guardé cosas… Pero de eso no me acuerdo.
-- ¡Joder!


Continuará...


9.- La decisión





"El futuro tiene muchos nombres.
Para los débiles es lo inalcanzable.
Para los temerosos lo desconocido.
Para los valientes es la oportunidad". Victor Hugo.




La parte portuguesa de la finca era más frondosa que la española. Aquel manto de encinas debía llevarnos hasta el mismo Cortijo. El camino, sin embargo, estaba menos cuidado y, con la furgoneta cargada hasta arriba, teníamos que ir muy despacio, evitando piedras y hoyos a cada momento. Se apreciaba claramente que el propietario era español y accedía a ella habitualmente por Valencia de Alcántara. Iba haciendo calor. Era el primer día que se notaba la primavera. El sonido de los pájaros se colaba a través de las ventanillas, a pesar del ruido infernal que el vehículo transmitía. De repente sonó un gran estruendo y la furgoneta se paró en seco. Alguien nos estaba disparando. Había impactado en el motor y empezó a salir humo bajo el capó. Sonó otro nuevo disparo que reventó la rueda delantera derecha. Balich abrió la puerta y se parapetó detrás para que no le dieran. Los demás permanecimos agachados dentro. Parecía el final. ¿Por qué nos dispararían? Detrás de unas jaras apareció un individuo, fusil en mano, gritando para que nos bajáramos rápidamente. Balich, se levantó y se encaró con él.

Balich: ¡Me cago en la madre que te parió! ¿Estás loco? ¡Casi nos matas…!
Zorro: Y yo ¿cómo iba a saber que erais vosotros?
Balich: ¡Hostia! Pues espera un poco y compruébalo o gradúate las gafas…
Zorro: ¡Joder! Creía que veníais a atacarnos…
Balich: ¡Pero tú estás tonto o qué! Venimos seis idiotas a atacar a nuestros amigos en una furgoneta "jipy". ¡De locos!
-- ¿Está bien el cura?
Mercedes: Sigue dormido, no se ha enterado de nada.
Zorro: ¿Qué cura? ¿Petrífico está ahí dentro?
Clementain: Pues claro. No le has dado porque está protegido por el Señor. Es el único que no se ha agachado.
Zorro: ¡Joder, joder, joder! No le digáis nada. No le digáis que he sido yo…
Balich: ¡Claro, como está tonto! Cuando se baje de la furgoneta y vea cómo la has dejado ¿qué le decimos? ¿Ha habido un terremoto?
Zorro: ¡Yo qué sé! Decidle lo que queráis pero no le digáis que he sido yo.
Juardo: ¡Vaya estropicio! La has dejado absolutamente inservible. ¿Ahora quién sube al Cortijo todo esto?
Zorro: Por eso no os preocupéis. Luego mandamos a gente para que recoja lo que traéis.
Withy: ¡Madre mía! ¡La que has liado!
Zorro: ¡Verás Pablo! Se va a coger un cabreo de tres pares de narices. ¡Otra vez de guardia!
-- Pero ¿por qué nos has disparado? ¿Cómo íbamos a atacar si veníamos de la parte portuguesa? Una de dos, o éramos portugueses o éramos amigos. Digo yo.
Zorro: ¡Que ya lo sé! ¡No me agobiéis más!
Balich: ¡Como para dejarte de jefe de todo esto! ¡Nos declara la guerra Portugal también! ¡La leche!

Zorro nos había dado su particular bienvenida. Con voz temblorosa hizo salir a su compañero de vigilia. Había llegado anoche a la finca y Zorro se la estaba enseñando. Habían comido con los demás en el Cortijo y estaban dando un paseo por la segura parte portuguesa para que el nuevo huésped la fuera conociendo. Entonces aparecimos nosotros, se escondieron detrás de los matorrales, y Zorro se lió a tiros con la furgoneta. Detrás de otra jara apareció su compañero. Era Javi Jabogón con las gafas absolutamente empañadas por el sudor que le había provocado aquella situación. Esto debe ser la guerra, penso para sí.

-- ¡Jabogón! ¡Qué alegría!
Jabogón: ¡Ya! Si no fuera porque éste –dijo señalando al zorro y con cierta ironía- casi os mata, el momento sería "super agradable".
Juardo: Tampoco es para tanto. Nos han recibido con cohetes, como a los señores. No esperábamos ni merecíamos otro recibimiento.
Balich: ¡Con cohetes y a perdigonazos! ¡Será posible!
Withy: Pero tú… ¿qué haces aquí?
Jabogón: Vine ayer de Cáceres, en autobús. Estuve con Moraes y me dijo dónde podía encontrar la finca… y aquí estoy.
Withy: ¿Están bien? ¿Moraes? ¿Cibor?
Jabogón: Sí, muy bien. Si ya se lo decía yo a Zorro…
Zorro: Joder, no lo cuentes, que se van a "descojonar"…
Jabogón: Pero es que te lo estaba diciendo… que no parecían enemigos, que era una furgoneta como la de los panaderos, que venían en son de paz… y tú… diciéndome que me agachara, que se iban a enterar, que de esta te ponían una medalla como a tu abuelo.
Zorro: ¡Bueno ya está bien! ¡Coged las cosas y vámonos al Cortijo!
Balich: Pues despertad al cura y que lo lleve el Zorro a "burro"…
Zorro: ¡Vaya día que llevo!

Sentados a la solana del patio principal del Cortijo, debatíamos las distintas posibilidades que se habían planteado sobre el futuro viaje. El recién llegado Jabogón, hermano de la esposa de Danipé y, por lo tanto, su cuñado, nos había dejado perplejos: Todo indicaba que estaba con los sublevados. Había enviado a su mujer y a sus hijos a casa de sus suegros en Cáceres para que estuvieran "más tranquilos y cuidados". Nos contó que por los alrededores de Almaraz, donde estaba la Central, y en Navalmoral, donde vivían casi todos sus trabajadores, estaban las cosas muy mal, había militares y controles por todos los sitios. Era muy difícil y muy peligroso acercarse hasta allí. Los trabajadores de la Nuclear, uno de los puntos estratégicos de la guerra a nivel nacional, estaban recluidos desde el inicio del conflicto. Se habían montado barracones donde hacían vida como si fueran soldados en un cuartel. Los más cualificados solamente podían salir una vez por semana para ver a la familia y siempre vigilados. Era un auténtico campo de concentración. Nadie podía salir de allí sin permiso expreso de los militares. Nadie menos Danipé, que entraba y salía cuando quería. Tenía que dormir allí, pero durante el día hacía vida normal y sus relaciones con los militares eran muy buenas. Tampoco tenía vigilancia y eso, tal y como estaban las cosas, no era buena señal. No hablaba con nadie del tema y su comportamiento era muy extraño. Sus propios compañeros empezaban a temerle y desconfiaban de él. Todo ello hacía suponer que era uno de los sublevados.

Jabogón traía documentos de Cáceres. Moraes le había entregado una carpeta con diversa documentación falsificada y salvoconductos varios para que se los entregara a Pablo. Éste y Korrone, más experimentados en estos temas, los revisaban por si alguno nos pudiera servir para el viaje a Navalmoral. Withy, Escarolain y Zorro se afanaban en trocear un ciervo que se había cazado el día anterior. Rosita tomaba el sol y descansaba su pierna todavía herida sobre un pequeño taburete con los ojos cerrados, seguramente pensando en alguno de sus poemas. Aclara hablaba con Petrífico, al que hacía años que no veía. Juardo y Clementain se habían ido a dar un paseo por la finca y Balich saboreaba una copa de "amargiña" debajo de aquel sombrero de paja que en nada le favorecía. En definitiva, aquel momento de tranquilidad era el primer descanso absoluto para mi dolorido cuerpo desde que salí de la finca. Había tenido en dos días más aventuras que en toda mi vida y todo parecía indicar que no terminarían.
-- ¿Y Franpan? ¿Dónde está Franpan?
Zorro: En la cocina con Mon. ¡Nos tenía mareados! Toda la semana diciendo que había que matar un ciervo, que lo necesitaba, que si no lo cazábamos nosotros lo iba a cazar él y que nos atuviéramos a las consecuencias…
Korrone: ¡Qué pesado! Si no cazamos el bicho ese nos vuelve a todos tontos…
Balich: Y ¿para qué lo quería?
Pablo: ¡Ese no está más tonto porque no se puede! Le ha dado la nostalgia…
Escarolain: Se encontró en su cartera una receta para hacer venado con ciruelas o algo así. Una prima suya dice que lo hace muy bien y le dio la receta hace unos meses. Se la guardó en la cartera y ahora se la ha encontrado. Desde entonces no nos deja en paz.
Zorro: ¡Pues como se le meta en la cabeza, comemos carne con ciruela todos! Otra vez "cagalera" mañana.
Aclara: Pero si se ha llevado sólo los lomos. Con lo bruto que es Franpan, con eso cena solo él. No tenemos ni para empezar…
Pablo: Pues como le salga el ciervo como los macarrones con "foingrás", como él los llamaba, nos podemos morir…
Zorro: ¡Vaya mierda! No se los quiso comer ni el cerdo…
-- ¡Voy a verle!
Me levanté de aquella tertulia y me dirigí a la cocina a ver a Mon y a Franpan. Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Danipé no podía estar con ellos, no se podía equivocar de aquella manera. Algo tenía que haber pasado para que actuara así. Nos habíamos criado juntos y le conocía perfectamente. No podía estar con los tiranos. Eso era imposible. Aunque nunca llegas a conocer del todo a nadie, Dani no podía haberse equivocado de aquella manera. ¿O si?

-- ¿Dónde está esa Bultaco que "no corta el mar sino vuela"…?
Franpan : ¡Coyote! ¿Estás vivo?
-- ¡Serás cabrón! Pero ¿qué haces?
Franpan: Preparando un guiso que te vas a "cagá por las patas abajo". Es una receta de mi prima: Lomo de venado con ciruelas.
-- No huele nada mal. ¿Cómo lo has hecho?
Franpan: Es una receta de mi prima Teresita, la de Aroche. He "salpimentao" los lomos y los he dorado para que suelten su jugo. Luego los he retirado y he añadido la cebolla, una hoja de laurel, las ciruelas y un bote de setas. Todo juntito un par de minutos y se vuelven a meter los lomos. Luego añado el vinagre y lo dejo que se evapore "a olfato" un poco. Se añade el vino y se deja otra vez un par de minutos. Un poquito de agua hasta "cubrí justito" los lomos y cerramos la olla. ¡Ya está! Se deja reposar unas "horitas" y en la cena que no hable nadie conmigo que no estoy "pa nadie".
-- Joder, me tienes alucinado.
Franpan: "Alucinado" el marido de mi prima Teresita, el guarda forestal más bruto de la comarca de Aroche, que un día lo hizo y abrió la olla antes de que se bajara el "pitoche". Se le quedó la cara como una plaza de toros.
--¿Se le hinchó?
Franpan: ¡Qué va! Se le quedó la piel del color del albero y tenía hecho dos círculos "perfectamente circulares" del pitoche y de la tapa que no se le quitaron de "la puta la cara" en dos semanas. Ah, y la moto se ha "gripao". Se la dejé un rato a Korrone en el viaje de vuelta y no cambió de marcha hasta el Cortijo. Ya le decía yo que sonaba mucho…
-- Pero qué burro eres…
Franpan: De burro nada… Estás hablando con el mismísimo inventor del Servicio de inteligencia de los Estados Unidos de América. Y déjame que voy a esconder la olla, que si no, con lo rico que está el guiso "arguiñanesco" que he hecho, se lo zampan sin que me entere… ¡Menúos trágalas viven aquí! ¿No te has "fijao"?

España aún no era España, ni Portugal era Portugal. Sin embargo Viriato ya era Viriato. Nacido probablemente en la Sierra de la Estrela, Viriato fue el Gran Caudillo, el gran pastor Lusitano. Tuvo en constante jaque a las legiones romanas a las que infligió numerosas derrotas. ¡Roma no paga a traidores!, fue la contestación de los romanos a los tres enviados del Caudillo para negociar la presunta paz. Ditalcón, Audax y Minuro, fueron los culpables de su muerte. Los romanos nunca acometían magnicidios gratis y esos tres individuos antepusieron el oro al honor. Viriato, que antes había escapado de ser degollado por el pretor Galba, a quien odiaba ferozmente, fue acuchillado por sus generales, por sus propios amigos, en su refugio del Mons Veneris o Monte de Venus, que unos situaban en los Montes de Toledo y otros en Gredos, entre los valles del Jerte y Tormes, lugar obligado de paso entre el sur y el norte de Hispania y donde sus ataques guerrilleros serían más efectivos. Yo, sin embargo, por la imaginación de mi querido padre, siempre situé ese monte en los alrededores del conocido Puerto de los Castaños, en el cruce de El Palancar, muy cerca de Cañaveral. Aquel monte absurdo que desencajaba el paisaje siempre fue para mí el refugio del Gran Viriato, tan querido y venerado en Portugal y tan olvidado, como tantas otras cosas, en mi Extremadura. Nadie había dado tantos Caudillos a la vieja España. Nadie los había olvidado tan rápido. Mercedes y Mon interrumpieron aquellas divagaciones que me había provocado la figura casi en penunbra de aquel escarpado monte que se divisaba desde el Cortijo y que me recordaba al refugio de Viriato de mi niñez. Quizás era eso o quizás aquella finca, entre España y Portugal, donde el abuelo de Mon nos había contado que en un claro del encinar había una gran piedra de la época romana que había servido para hacer piras funerarias. Los restos allí encontrados hacían suponer que, como era habitual en los lusitanos de aquel tiempo, el lugar era un altar para la quema de cadáveres, donde a la luz del gran fuego cantaban, degollaban animales y luchaban por parejas sobre las tumbas hasta el anochecer. –A cenar, Coyote, que tenemos que hablar- dijo Mercedes mientras me fundía en un abrazo con Mon.

Franpan se había servido un lomo entero de venado del contenido de aquella olla y nos había dejado el otro a los demás para que probáramos su guiso. Sólo algunos pudimos probarlo y la verdad es que estaba exquisito, probablemente porque por una vez siguió al pie de la letra la receta de su prima. Durante la cena en el salón de trofeos, Pablo y Korrone nos expusieron sus conclusiones sobre el viaje que habría que hacer a Navalmoral.
Pablo: ¡Iréis en cuadrilla!
Escarolain: ¿En cuadrilla?
Pablo: Sí. Lo más seguro para todos es que vayáis cuatro. Utilizaréis el viejo ESCORT. Irá el Coyote y tres más.
Mercedes: Sí, ¿pero quién?
Korrone: Tendremos que decidirlo ahora, porque saldréis mañana por la mañana.
Balich: Ya, al amanecer, como siempre. ¡Pues yo no voy, estoy hasta las narices de conducir al amanecer!
Korrone: ¡Pues no vayas! El que quiera ir se tiene que ofrecer como voluntario.
Aclara: ¡Yo voy! Llevo mucho tiempo aquí y necesito salir.
Rosita: ¡Yo también! ¡Dios mío! ¡Una aventura!
Juardo: No pidas, amiga Rosita, imposibles a la vida. Tú estás coja y no te puedes mover, serías un estorbo.
Rosita: Pero quiero ir…
Clementain: No puede ser, Rosita, lo tienes que entender…
Mon: ¡Yo! ¡Yo voy! No estoy fichado.
Pablo: Falta uno. Coyote, Aclara y Mon. ¿Alguien más? ¿Zorro?
Zorro: ¡No jodas! A mí de aquí no me saca nadie. Tengo mujer e hijo y mi vida es muy valiosa, por lo menos para ellos.
Korrone: ¿Nadie se anima?
Juardo: ¡Cómo se van a animar! Perdonad mi impertinencia, pero lo estáis haciendo mal.
Balich: ¡Ya está el listo que todo lo sabe!
Juardo: Si van a ir cuatro, lo lógico es que el equipo esté compenetrado. Debe ir Coyote, por su amistad con Danipé. Aunque estuviera con los sublevados a Coyote no le va a denunciar.
Zorro: ¿Y para eso tanta palabrería? Hasta ahí estábamos todos de acuerdo.
Mercedes: ¡Calla Zorro, déjale que termine!
Juardo. Muchas gracias. Debe ir Jabogón, conoce perfectamente la zona y es cuñado de Danipé. Tampoco le denunciaría. Y debe ir Korrone porque la ruta es por Plasencia y si hay algún problema podrá ayudarles a salir del apuro.
Escarolain: … pero Korrone no puede. Si le descubren a él, los fusilan a todos.
Juardo: Pues entonces que vaya Franpan, que ya ha estado en Plasencia y conoce el camino.
Aclara: Pero falta uno.
Clementain: Una, diría yo. La presencia de una mujer en la cuadrilla es imprescindible. Rosita no puede porque está coja. Escarolain es nuestra particular doctora y tampoco debe dejar la finca y Mercedes acaba de llegar. Debes ir tú.
Aclara: Por mi parte, de acuerdo.
Zorro: Pues ya está. Coyote, Jabogón, Franpan y Aclara. Los cuatro jinetes del Apocalipsis…
Balich: Sí, los cuatro jinetes de "la poca leche".
Pablo: ¡Tened mucho cuidado! No deis ni un paso en falso ni os fiéis de nadie…
Korrone: Si os cogen os fusilan, seguro.
Franpan: ¡Qué se le va a hacer! – dijo masticando con esfuerzo el último trozo de carne de aquel lomo-.
Continuará...



8.- Portugal




"La vida es la constante sorpresa de ver que existo". Rabindranath Tagore



Alguien dijo que las fronteras sólo existen en el corazón de los hombres. Y en este caso no era verdad. Portugal era distinto, era un lugar diferente. Tan cerca de nosotros y tan diferente a la vez. Había visitado muchas veces el país y siempre me pasaba lo mismo: la nostalgia se apoderaba de mí. Portugal era nostalgia, era melancolía, era tristeza y era, sobre todas las cosas, belleza. Ese sentimiento se acentuaba cuando visitaba Lisboa, su capital. Tenía la sensación de haber vivido en otra vida allí. Era un lugar como no había otro en el mundo. La melancolía se respira y se come en el Chiado y el Barrio Alto, con el elevador de Santa Justa llevándote hasta el cielo de Alfonso I Henriques; con sus mayestáticos puentes sobre el Tejo donde el altanero Vasco de Gama no se ha percatado todavía que al Puente 25 de abril, mucho más pequeño y antiguo, le protege Cristo Rei; La plaza de Rossio, corazón de la antigua y auténtica Lisboa con el café La Brasileira; su viejo Tranvía 28 y el precioso metro, de los más bellos de Europa y del mundo; y las cenas a la luz de las velas y a la penumbra del Fado, con sus letras de pasión y dolor que hacen el silencio de los comensales; esa mezcla de mar y río que hacen del lugar un sitio diferente; Lisboa, corazón de Portugal, a pesar de la oposición vanidosa de los ricos de Oporto; Lisboa, reflejo de un país que un día se durmió tranquilamente. Ni el gran terremoto consiguió acabar con ella, no pudo con su belleza.

Habíamos pasado por Rosal sin controles. Por alguna extraña razón nuestras noticias eran ciertas y nadie controlaba ese punto de la frontera. Juardo se encontraba triste, pretendía entrar en Aroche a ver a su esposa pero el grupo decidió que podía ser peligroso y continuamos viaje. Aunque lo admitió por el beneficio común, su estado denotaba una gran tristeza. Tan cerca de Rocío y no la podría ver. Habíamos rellenado el depósito de gasolina en Beja y tendríamos que volver a hacerlo antes de llegar a la finca, a la altura de Monforte. Beja, Vidigueira, Portel y Évora, la ciudad de Geraldo Sem Pavor, ¿cómo no iban a estar orgullosos del héroe sus habitantes? Gerardo Sin Miedo, ese era su nombre. Allí pararíamos a comprar las vituallas para la finca y a comer algo. Después directos al Cortijo por Estremoz y Monforte. Con un poco de suerte, a media tarde estaríamos allí.

Colocado en una de las ventanillas de la parte derecha de la furgoneta, el paisaje portugués me entretenía sobre manera. Nunca pude dormir en un vehículo y ahora menos. Portugal era verde. Y azul. Y roja. Portugal era verde, azul y roja. Y amarilla. Siempre pensé que los portugueses eran genéticamente daltónicos, el hiper colorismo del país atraía a quién lo visitaba. Ellos decían que el color del país se veía desde el cielo. Y no les faltaba razón. Casas blancas y azules al lado de casas blancas y amarillas. Junto a ellas, casas rojas. Pueblos de exagerados colores que atraían hacía sí como si de lugares de cuentos se trataran. Inmensas fortalezas y castillos para defenderse de los orgullosos españoles, porque los castillos de Portugal siempre fueron defensivos. Nunca se fiaron. Felipe II de España y I de Portugal fue el único Rey que aglutinó bajo una misma corona toda la península ibérica. Duró poco. Portugal era otro país, siempre lo fue.
Balich: ¡No voy a dejar ni las cáscaras!
Clementain: Espera, espera… hay que bendecir la mesa.
Balich: Pues dile al viejo que bendiga rápido que me muero de hambre.
Juardo: Pero si son sólo las doce y media.
Balich: Como si son las nueve de la noche. Tengo más hambre que un perro…
Juardo: Cada uno tiene el hambre como lo que es…
Petrífico: Bendice Señor estos alimentos que vamos a tomar…y que estos individuos lleven su aventura a buen puerto. ¡Hala, a comer!
Aquel arroz caldoso con mariscos era único en el mundo. Probablemente el cilantro, aquella especia tan usada por ellos y desconocida para nosotros, daba al sabor de la cocina portuguesa un sabor único. Portugal era también arroz y mariscos, frango grelado con patatas, bacalao, bien a la dorada o a cualquiera de las recetas de dominan, tantas como días del año, café y dulces. Aquellos dulces con un punto de sal que potenciaban su sabor. Tartaletas de crema y hojaldres. Todo era asombrosamente sabroso y dulce a la vez. Y también era pescado. Nadie cocinaba y comía el pescado con tanto amor como un portugués. En general, la comida era un ritual para los habitantes del país. Comían despacio, dando la sensación que nunca querían terminar. Comían en familia. Aquellos carteles de las bodegas de carretera con la inscripción "pronto a comer" no dejaban de ser una trampa para el impertinente e impetuoso español. La comida tardaba en llegar a la mesa, pero cuando llegaba satisfacía con creces al comensal. Era un país sin prisa, pero nunca se paraba.

Clementain : ¡Qué ganas tengo de llegar a la finca!
Balich : No me extraña. ¡No vas hacer la digestión en tres días! Te has puesto como el "Quico".
Mercedes: Nos hemos puesto todos…
Withy : Es que el arroz estaba riquísimo…
Juardo : El arroz, el vino y el molotov ese…
Balich : ¿El molotov?
Juardo : Sí hombre, el postre ese que nos han puesto. Un merengue gigante quemado por arriba. ¡Hasta el cura lo ha probado!
Balich : Pues tendría que llevar anestesia el postre ese porque lleva dormido una hora.
Mercedes: ¡Calla ya, Balich! ¡Déjale que duerma!
Balich : Sí… que duerma pero que no ronque, que me despista.
-- Esa debe ser la cancela de la finca. Mirad el cartel. "Explotaciones La Montanera". Esa es
Juardo : ¿Estás seguro?
-- Sí, es esa. Explotaciones La Montanera es la empresa del abuelo de Mon. Para el furgón que voy a abrir la cancela.
Continuará...

7.- La sabiduría






"Hay que escuchar a la cabeza,
pero dejar hablar al corazón". Marguerite Yourcenar.




Nos encontrábamos delante de la casa, tenía que ser esa. Detrás de la cancela se atisbaba un gran patio: lo que parecía un vehículo tapado por una vieja lona a una parte y un gran montón de leña de encina a la otra. Más que una casa de pueblo, era una especie de chalet de veraneo de los años setenta. Withy no daba muestras de cansancio, como si la emoción del viaje le hubiera dado vida. Todavía no sé cómo se atrevió a venir hasta aquí. Si sé que sin ella me hubiera costado mucho más llegar hasta Aracena. El viaje hasta Santa Olalla lo hicimos sin ningún problema, un único control en Fuente de Cantos que salvamos rápidamente. Aquel soldado se fijaba más en Lalinda que en los papeles que le mostrábamos. El autobús hizo su parada junto al mesón del cruce de la carretera de Zufre, justo la que tenía que coger yo después. Mejor no podían ir las cosas. Me despedí de Withy dentro del autocar y bajé, con mi pensamiento puesto en cómo lo iba a hacer de ahí en adelante ya que la carretera estaba desierta y todo parecía muy sombrío. No había nadie: ni autobuses, ni tráfico, ni tan siquiera controles. La antigua Nacional era una sombra de lo que fue. Las grandes máquinas que hacían la Autovía antes del conflicto habían desaparecido.

Cuando el autobús empezó a circular me sobrecogí de nuevo: Withy estaba detrás, se había bajado, se me apareció como un fantasma. Decidió no ir a Sevilla, con un "yo voy también" dejó zanjada la posible recriminación que le pudiera hacer. No puedo negar que en el fondo me alegré profundamente, por lo menos, no iba a estar sólo. Su compañía me había ayudado en este viaje de locos y a partir de ahí jugaría un papel fundamental. Ahora, habría que decirle a Moraes que no iba a Sevilla, pero ¿cómo? Entramos en aquel mesón, antaño famoso por sus bocadillos y siempre lleno de turistas de paso, y pedimos un café. Estábamos solos con aquel tabernero de cara triste y mostacho mejicano. La dejé dando vueltas con la cuchara a aquel café y cuando volví del servicio, me encontré con una nueva sorpresa: un camionero, que acababa de entrar, estaba intentando ligar con ella, o eso me pareció a mí. Pensé que íbamos a tener problemas y sin embargo...

Aquel tipo se dirigía con un cargamento de madera a la fábrica de celulosa de San Juan del Puerto. Llevaba nuestro camino y Withy le había convencido para que nos llevase. Le contó que estábamos recién casados, que habíamos perdido el autobús y que íbamos a ver a su familia a Aracena. Le dijo que no teníamos dinero y que Dios le tenía que haber puesto en nuestro camino porque parecía un ángel. No sólo nos trajo hasta Aracena sino que nos invitó a aquellos cafés tan malos. Tan convencido quedó con lo que le dijo Lalinda que tuvimos que renunciar varias veces al dinero que como ayuda nos ofrecía. ¿Recién casado yo? Todavía no sé cómo se lo pudo tragar. Uno empezaba a entrar en una edad que podía parecer de todo menos un recién casado.

Se había hecho de noche y teníamos que entrar. Teníamos que comprobar que ellos estaban allí. Korrone nos había dicho que los encontraríamos, pero no sabía a ciencia cierta si llegaron sanos y salvos. Habían huido de Sevilla a toda prisa quince días atrás. ¿Si no eran ellos? ¿Qué haríamos? ¿Dónde dormiríamos? Empezaba a hacer frío, ni siquiera parecía primavera. Nos decidimos a llamar. Abrimos la cancela y nos dirigimos a la puerta principal. Había luz dentro y aunque asomé mi cabeza a través de las rejas no se veía a nadie ¿Serían ellos? El corazón volvía a ponerse a tope de revoluciones.

-- ¿Quién es? –dijo aquella voz masculina sin abrir la puerta-.
-- Buenas noches, venimos de paso y buscábamos al Señor Juardo… – contestó Withy dubitativamente -.

Sin apenas darnos cuenta, la puerta se abrió y apareció ante nuestros ojos un Clementain en zapatillas y con una bata de franela parecida a la que usaba mi abuelo. Habíamos acertado otra vez. Nos invitó a pasar a la casa, denotando su cara la alegría del momento: -Mirad, mirad quiénes están aquí. El mundo es un pañuelo…-, dijo mientras nos adentraba hasta el salón principal. Allí, sentados alrededor del fuego, estaban Mercedes y Balich, que se sorprendieron gratamente con nuestra visita. Abrazos y emociones de nuevo.

-- Y Juardo?
Balich: Está ahí, en la habitación, con el viejo.
Withy: ¿Qué viejo? ¿Está aquí su abuelo?
Balich: ¡Ya le gustaría a Juardo que fuera su abuelo!
Mercedes: ¡Un poquito de respeto, Carlos!
-- Pero ¿con quién está? –pregunté intrigado-.
Clementain: Con Petrífico.
-- ¿El cura está aquí?
Balich: Claro que está, si lo sabré yo…
Withy: Pero ¿cómo ha llegado hasta aquí?
Clementain: Lo recogimos del Santuario el día que salimos de Sevilla.
Balich: … el día que salimos de Sevilla y el día que casi nos matan por desviarnos a recogerle.
-- Y ¿está bien?
Balich: Claro que está bien, ronca como una motosierra. Y además le va la marcha. ¿Acaso no le conocéis?
Withy: ¿Podemos verle? ¿Está dormido?
Balich: Si estuviera dormido le oirían hasta en Aracena…
Mercedes: Sí, pasad. Estarán hablando…
Clementain: Pasad. Verás qué sorpresa…


Aquella habitación estaba llena de cosas. Petrífico parecía haberse traído medio convento en paquetes. Juardo nos contó que los frailes le habían dejado sólo, con el único cuidado de un matrimonio de guardas que vivían en el vecino pueblo de Espartinas. Los franciscanos habían intentado llevárselo cuando estalló el conflicto y nada parecía seguro. Se negó. A pesar de su edad y de su falta de movilidad no consiguieron sacarle de allí. Con las primeras noticias de los fusilamientos de las Trinitarias en el Monasterio de Suesa y la quema de conventos, los franciscanos desalojaron todas sus instalaciones y buscaron lugares seguros. Todos los colegios y conventos en los que se encontraban frailes fueron desalojados. Todos fueron removidos. Todos menos uno. Genio y figura.

Juardo terminó de convencer a Balich, única oposición para hacerlo, para que desviara el furgón por la antigua carretera Nacional de Huelva y se dirigieran a Loreto en busca de Petrífico. No tenían noticias de él y temían por su vida. Los demás estuvieron de acuerdo en ello. Cuando llegaron al Convento, éste daba la sensación de estar abandonado. Sin embargo, nada más oír el ruido del motor de la furgoneta, Petrífico cogió "el andador" y salió a recibirles. Parecía que les estuviera esperando: El Señor os ha traído hasta aquí porque el Señor sabía que yo necesitaba veros, fueron sus primeras palabras de recibimiento al grupo. Luego les hizo cargar con la mayoría de sus cosas personales y alguna otra cosa que tomó prestada de los frailes para que no se estropeara. Cajas y cajas de cartón que llenaron aquella furgoneta hasta arriba.

Aquel hombre, sin saberlo, se había convertido en el germen del Foro de internet. Había sido el eje que había movido a aquellos locos a pesar de no haber estado allí desde su inicio. Sin conocimiento alguno de ordenadores, había sido el pilar fundamental en el que se apoyaron para crear aquel sitio en internet. Años atrás, la mayoría de usuarios del foro había participado directa o indirectamente en alguna de las muchas actividades que aquel cura delgaducho y reaccionario había creado. Campamentos al aire libre donde primaba la libertad y la conciencia personal de cada uno para no torcerse ante la vida; acampadas varias donde la convivencia era el único principio básico; celebración de eucaristías que hacían temblar a los estamentos más rígidos de la Iglesia y un sinfín de actividades que habían hecho de aquel grupo uno de los más característicos, si no el que más, de la ciudad. Más tarde y apoyándose en su obra, habían creado una página en internet con foro propio. Aquella herramienta, después de un foro pornográfico, el de la Federación de Balonmano y el de Encaje de Bolillos de las Islas Canarias, se había convertido en la página más controvertida y a su vez dicharachera de internet. Había conseguido, además, volver a juntar a muchos de los que tuvieron años atrás vivencias con el frailecillo. El encuentro intergeneracional había sido un éxito hasta que estalló el conflicto. Entonces todo dejó de funcionar y desaparecieron los mensajes.

Juardo nos contó que Petrífico no les había dejado salir de Aracena. Sus intenciones de llegar hasta Beja en Portugal y desde allí ir a la finca del abuelo de Mon para encontrarse con Pablo, Zorro y lo demás fueron cortadas de raíz cuando se enteró que La Macarena viajaba con ellos. No consentiría que saliera de España. La Virgen es de Sevilla y no puede vivir en Portugal. No sabe portugués, decía. A cada cual lo de cada cual, añadía sin el más mínimo titubeo.

Petrífico: Jaaaa, jaaaa y jaaaa –fueron las primeras palabras que salieron de su boca- ¡Qué alegría! Dios es justo y trae al peregrino a visitar a Su Dama. Y quien no lo quiera entender que no lo entienda…
-- ¡Joder! ¡Estás fenomenal!
Petrífico: Ya quisiera yo, no te jode.
Withy: Que sí… que estás muy bien.
Petrífico: ¿Os habéis creído que soy tonto?
Juardo: Está mejor que lo que dice… y además manda como nunca. No nos ha dejado salir de aquí. Llevamos quince días de retraso por su culpa.
Petrífico: Ahora sí podéis salir. Cuando queráis nos vamos.
Balich: Ahora mismo, yo ya estaba haciendo las maletas… ¡Será posible!
-- Pero ¿por qué os habéis quedado aquí?
Juardo: Petrífico no nos permitía salir de España con La Macarena. En parte tiene razón, Mi Señora se debe a Sevilla, parte fundamental del territorio español y no debe salir de aquí.
Withy: ¿Entonces?
Balich: Entonces nada… ya podemos salir. Ya está guardada y bien guardada. Mañana nos vamos… si arranca el trasto ese…
Juardo: Pero ¿y vosotros? ¿Qué hacéis vosotros aquí?
Withy: Hemos venido a buscarte…
Juardo: ¿A mí? ¡Cuánto honor para un príncipe de la iglesia! –dijo con voz altiva-.
-- Venimos de la finca. Salimos hace dos días con el único fin de encontrarte. Nos manda Pablo. Es absolutamente necesario que nos proporciones los códigos del sistema informático…
Juardo: ¿Los códigos de Aquaero?
-- Son absolutamente necesarios para comunicarnos a partir de ahora. Todo parece indicar que el final está cercano y utilizaremos tu sistema para comunicarnos y hacer caer a los militares. No tendrán forma de descifrarlos y podremos estar en contacto permanente allí donde estemos.
Juardo: Pues no va a ser posible… o sí, depende.
-- Depende ¿de qué?
Juardo: Pues depende del Foro. No había hecho falta que vinierais hasta aquí. Los códigos están en el foro. Cuando entraron los militares en Sevilla, como no me fiaba, los envié en un mensaje al foro.
Withy: ¿Al foro? Pero si lo han borrado todo. No hay mensajes.
Juardo: Pues están allí. En el Hermano Papel, escondidos tras un poema a la Virgen del Ferial. Utilicé mi propio sistema para encriptar los códigos y sólo accediendo a ese poema los podréis obtener.
-- ¡Joder! Y ahora ¿qué hacemos?
Petrífico: ¡Gente de poca fe! No tengo ni la más "repajolera" idea de qué idioma es el que habláis, pero si alguien ha borrado eso que tanto os preocupa, buscad a ese alguien. Él os lo dirá.
Juardo: ¿Kurdo? ¡Será cabrón! ¿Ha borrado todo?
-- No. Pablo dice que no ha sido él. Alguien se le adelantó.
Withy: ¡Dani!
Balich: ¿Dani? ¡Quién si no iba a tener la culpa! Se veía venir…
-- Tendremos que ir a buscarle.

Kurdo no había borrado los mensajes, eso estaba claro. Según Pablo él mismo se sorprendió cuando quiso borrarlos y ya no estaban. Tenía que haber sido Danipé, eso estaba claro. ¿Los habría guardado? Todavía quedaba una esperanza. Si pensó que podrían ayudarle el día de mañana los habría guardado. Pero ¿cómo iba a guardar todo aquello? Miles de mensajes poblaban aquel Foro y tendría que haber guardado el que necesitábamos, sólo ése, un poema del subforo Hermano Papel. Mi cabeza iba a estallar. Habíamos hecho el viaje para nada. Dos días de camino que no habían valido para nada. Arriesgando nuestras vidas y volveríamos sin los códigos. Nuestra ilusión se estaba desvaneciendo. Además estaba lo de la Virgen. Si Petrífico no hubiera parado al grupo habrían llegado a la finca antes de que yo saliera y las cosas hubieran sido distintas. ¿Qué haríamos ahora? El debate sobre nuestro futuro estaba sobre aquella mesa donde cenamos. Juardo, Balich, Clementain y Petrífico eran partidarios de salir por la frontera de Rosal, donde no había ninguna vigilancia, e irnos a la finca. Una vez allí, decidiríamos con los demás qué hacer. Withy, Mercedes y yo eramos partidarios de dividirnos. Que cuatro se fueran a la finca y dos a Navalmoral en busca de Danipé. Largo rato discutiendo y no llegábamos a un acuerdo.

Lo único que estaba claro es que ya podíamos salir: La Esperanza Macarena estaba a buen recaudo. Aracena era famosa por la gruta de Las Maravillas, una gran cueva en tres niveles con estalactitas y un gran lago, reclamo turístico principal del pueblo antes del conflicto. El chalet del abuelo de Juardo guardaba un secreto: tenía su propia gruta. Construido sobre una formación rocosa, albergaba en su sótano una pequeña cueva de veinte metros cuadrados con sus propias estalactitas y estalagmitas. El lugar era precioso y la Virgen no hubiera soñado otra capilla mejor hasta su vuelta a Sevilla. El abuelo de Juardo siempre estuvo convencido que formaba parte de la gruta principal, de la que sólo se podían visitar mil doscientos de sus dos mil trescientos metros. Estaba convencido que Las Maravillas era mucho mayor de lo que los libros decían. Habían hecho un pequeño camarín para la Virgen en la cabecera de la cueva. Withy y yo no pudimos verla porque habían tapiado y lucido la entrada. Allí estaría segura hasta que acabara la guerra.

Juardo: ¿Si nos pasa algo? ¿Cómo van a encontrar a Mi Señora?
Balich: ¡La encontrará un pastor, como a todas las Vírgenes!
Juardo: ¡Qué irreverente eres, caro Balich! ¿A qué va a entrar un pastor al chalet de mi abuelo? ¡Cuánta indelicadeza!
Mercedes: No nos tiene que pasar nada. De aquí a la frontera hay muy pocos kilómetros y además no está vigilada. Cuando lleguemos a la finca se lo contamos a los demás y sería muy difícil que nos mataran a todos. ¡Alguno quedará vivo para contar dónde está!
Clementain: Tienes razón. Lo mejor es que vayamos todos a la finca y allí decidamos qué hacer.
-- Vais a tener razón. Es lo más seguro.
Balich: Además, yo ya quiero jugar una partidita con Pablo, Zorro y Mon. ¡Qué ganas tengo de jugar al mus!
-- Pues están en la finca como para jugar partidas... Aquello es como un pequeño pueblo y todos, absolutamente todos, trabajando bajo el mando de Pablo.
Petrífico: ¿El "pintapiscinas" es el jefe? Pues tienen que ir muy mal las cosas para que ese individuo sea el que mande.
-- A mí me sorprendió bastante, esa es la verdad. Pero créeme que hace su trabajo estupendamente, parece Kevin Kostner en sus mejores películas.
Balich: Ya, como el Kostner ha hecho tanta películas buenas…
Mercedes: Jolines, Balich, siempre estás a la que "salta"…
Petrífico: ¡Ya está! ¡Se acabó! Dios nos ha juntado por algo… y nosotros no somos quiénes para ir en contra del Señor. Nos vamos todos juntos. Mañana por la mañana. Nos vamos a la finca. ¡Prepara la furgoneta Balich! ¡Saldremos al amanecer!

Nos dispusimos a preparar el viaje. Iríamos todos a la finca. Withy y yo ocuparíamos en la furgoneta el espacio que los paquetes de Petrífico ocuparon en el viaje hasta Aracena. Había decidido dejarlos en el chalet. Allí estarían seguros. La furgoneta parecía funcionar bien y tenía gasolina suficiente para llegar hasta Portugal, donde podríamos llenar el depósito sin problemas. Si llegábamos a la frontera sin incidentes, el viaje sería placentero. Por una sola vez no tendríamos que preocuparnos de los controles. Teníamos además dinero suficiente para comprar algunas cosas que podían necesitar en la finca: café, azúcar, aceite, legumbres, patatas y pasta. Petrífico tenía unos "ahorrillos" que ahora utilizaríamos convenientemente. Nos acomodamos como pudimos para dormir, unos en las camas y otros entre el sofá y el suelo. Balich tenía razón, los ronquidos de Petrífico eran criminales. Me había tocado compartir habitación con el cura y era insoportable. Apenas pude dormir una hora.


Continuará...