"Basta una persona o una idea para cambiar tu vida para siempre,
ya sea para bien o para mal. JACKSON BROWN"
Llegamos a la estación de Plasencia sobre la una del mediodía. Situada en las cercanías del río, aquella estación, a pesar de no ser muy antigua, recordaba a las viejas estaciones de mi infancia. Mi relación familiar con la ciudad del Jerte hacía que supiera cómo moverme y conociera algunas de sus calles. Después de atravesar el pequeño parque de la Cruz de los Caídos, no tardamos mucho tiempo en llegar a la dirección donde supuestamente nos íbamos a encontrar con Kors Corrone: General Ahumada, 23. No dejaba de ser un contrasentido que un miembro activo de la resistencia estuviera escondido en los sótanos de una casa que se encontraba en una calle a la que daba nombre el fundador de la Guardia Civil, cuerpo que ahora estaba dando pleno apoyo a los sublevados.
Kors había pertenecido al MSU PLACENTINO, una plataforma que en tiempos de paz se dedicaba a reivindicar infraestructuras para Plasencia. Antes de estallar el conflicto, y gracias a sus innumerables manifestaciones y conciertos de música de los que directamente era promotor, tenían prácticamente conseguido para la ciudad de la Administración Central un puente nuevo, imprescindible para la conexión por el norte entre la Nacional 630 a Salamanca y Cáceres y la Nacional 110 a Avila. Pensaban que esa carretera era absolutamente necesaria para las comunicaciones, desarrollo y comercio tanto de Plasencia como del Valle del Jerte y la comarca de la Vera, verdaderos motores económicos de toda la zona.
Durante el conflicto, aprovecharon la organización y medios con que contaba el MSU y se dedicaron plenamente a actividades de resistencia. Uno de sus mayores logros había sido la creación de Radio Liberación, una pequeña emisora que constante y periódicamente informaba a los ciudadanos de la comarca sobre las actividades de los constitucionalistas. Pero los militares habían descubierto su ubicación y una noche entraron en la emisora con el fin de detener a Korrone, que a esas alturas se había convertido en un baluarte para los placentinos. No lo encontraron, pero destrozaron la emisora, requisaron el material y no tuvo más remedio que esconderse. Ahora íbamos a su encuentro.
Tocamos ligeramente la puerta de la casa con el miedo y la prudencia de los que esperan no haberse equivocado, cuando de repente nuestra inquietud se tornó en sorpresa al contemplar aquella figura tan grande y cercana que salió a abrirnos:
-- ¡Demonio!
-- ¡Pasad rápido "josmíos"! – inquirió tirando de la cazadora de Franpan que se había entretenido ojeando a unas jovencitas que pasaban por la calle en ese momento-.
-- Pero ¿qué haces tú aquí? –pregunté intrigado-
-- Llevo en Plasencia desde el inicio. Leo y yo vinimos a preparar el concierto de La Buhardilla y el golpe nos pilló aquí. Como Kors era el promotor del grupo, habíamos venido a echarle una mano con los preparativos. Luego estalló el conflicto y nos fuimos liando poco a poco con las actividades del MSU y aquí estamos.
-- ¿Leo también está aquí?
-- Sí, ahora está trabajando. Se ha colocado como secretario e intérprete de los militares. Aunque es peligroso que trabaje para ellos ya que en cualquier momento nos podrían relacionar, nos viene muy bien porque nos informa de sus actividades. Necesitaban personal civil que les ayudara y como Leo "domina el inglés", le cogieron rápidamente.
-- Pero ¿para qué quieren los militares que un secretario en Plasencia sepa inglés?
-- No, para nada, el idioma aquí no es necesario, pero como elegían a la gente por sus currículums y Leo puso en el suyo que era profesor de Inglés y conductor de vehículos pesados, le cogieron rápidamente.
-- ¡Madre mía!, ¡qué locura!
Nos invitó a adentrarnos en la vivienda y al entrar en el pequeño salón, donde una vieja televisión permanecía encendida, nos sorprendió con la noticia de la muerte de Nefer. Era la primera de los nuestros en caer. Titi Nefer nunca había sido una buena compañera de viaje. Durante un tiempo se prodigaron sus mensajes por el foro, pero su forma de actuar, sus apariciones estelares y la acidez de sus misivas hicieron que no cayera simpática desde el primer momento. No obstante, el impacto de la noticia de su fallecimiento nos había sobrecogido. Nefer había muerto. Nada se podía hacer.
-- ¿Os habéis enterado de lo de la frontera? – dijo Demonio dando unos toques con sus nudillos en la puerta de acceso al sótano de la casa- Lo acaban de decir por la tele y han enseñado un montón de fotografías de los muertos. Parecía una cacería de ciervos. Los militares enseñando sus trofeos de caza. Han muerto veintisiete y los han expuesto como si fueran bichos para que los vea todo el país.
-- ¿Qué muertos?
-- El batallón de Er Piti ha caído. Iban camino de Francia por los Pirineos y les han tendido una emboscada.
-- y ¿Er Piti? ¿También ha caído?
-- No lo sabemos. Entre los muertos no parecía estar, pero Nefer sí. La he visto claramente. Era ella, seguro.
-- Pero ¿qué hacía Nefer con el Batallón extremaño?
-- Tampoco lo sabemos. En estos días no se saben muchas cosas. Por alguna extraña razón, Nefer se encontraba con el batallón. Si Er Piti ha conseguido sobrevivir, algún día nos lo contará. Espero que haya escapado.
El batallón extremaño, con Er Piti a la cabeza, había salido de Zaragoza en dirección a Pau, lugar en el que pensaban montar su cuartel general y reagrupar a todos los "escapados". Se encontraban atravesando los Pirineos cuando, antes de llegar a Francia, fueron sorprendidos en un desfiladero por los militares. Les masacraron. Aun así, algunos habían conseguido escapar, pero la mayoría murió tiroteada. Cayeron como caen las moscas en la miel. Luego, los militares fueron recogiendo uno a uno los cadáveres, los colocaron en una explanada a modo de trofeos de caza, y en un acto de propaganda de guerra, exhibieron la hazaña por los telediarios nacionales. No había palabras para describir semejante panorama.
Las cadenas de televisión y radio fueron los primeros lugares en ser tomados por los integrantes de uno y otro bando, pero las de mayor audiencia, con sede en Madrid, estaban en manos de los sublevados. Madrid, capital del país, con innumerables episodios de guerra a sus espaldas, con resistencia infinita hacia la injusticia y la ofensa, con sangre en sus calles y parques de cientos de héroes anónimos, había pasado a manos de los golpistas muy pronto. Esta vez Madrid no era el Madrid de la guerra civil, ni el de Daoiz y Velarde o cualquiera de los héroes del parque de Monteleón, ni el óleo de Sorolla se volvería a repetir. Era un Madrid ocupado, vencido desde los primeros días, entregado sin ofrecer resistencia. Ahora, las cadenas de televisión y radio emitían un telediario único, donde los sublevados contaban sus avances como en los tiempos del NODO.
Con el pensamiento todavía en la repentina muerte de Nefer e intentando recordar alguna de sus intervenciones en el foro, apareció desde las escaleras del sótano de la vivienda nuestro amigo Korrone. Le habíamos encontrado. Estaba más delgado y con aspecto cansado. Ahora nos diría el paradero de Josemi Juardo y conseguiríamos los códigos del sistema de comunicación. La aventura parecía llegar a su fin. Abrazos y alegría rodearon aquel gozoso momento. Demonio, Leo y Korrone vivían juntos en Plasencia. Habíamos encontrado a otros tres. Bastaron los dos últimos días para que mi ilusión hubiera renacido. ¡Cuántas emociones! Dos meses completamente parado, sin hacer nada, y, ahora, el destino me había deparado mil sorpresas ¿cuántas más quedarían?
Sentados alrededor de una mesa camilla, David Demonio sirvió en aquellos platos de porcelana desconchados unos macarrones con tomate y chorizo que Franpan y yo devoramos como si de la mejor comida del mundo se tratara. Kors y David nos contaron sus aventuras y desventuras en Plasencia, con el cierre de la emisora incluido, y cómo habían pasado los días desde el golpe de los militares. Nosotros les contamos las incidencias de la finca y sus habitantes, riéndonos durante largo rato con las anécdotas y sucesos que había vivido Franpan en la comarca de Valencia de Alcántara, desde la historia de aquel toro al que tuvo que pegar un tiro, su primer y único tiro, para que no le cogiera y su posterior venta como "ternera lechal" a los militares, a la historia de la hija del capitán Paleque, una chica con la que mantuvo una relación amorosa y que tenía un padre, militar de pro, que no había entendido "debidamente" esa unión.
Más tarde, cuando nos disponíamos a tomar café, se unió al grupo Aijav Leo, que acababa de terminar su jornada laboral. Leo traía una botella de aguardiente de hierbas que le había regalado su jefe. Los militares, en sus habituales detenciones, requisaban abundante material del estraperlo, material que en muchas ocasiones se quedaban y repartían entre sus amigos. De vez en cuando Leo traía algún regalo para la casa. Abrimos la botella y bebimos el licor, gozando cada sorbo con la tranquilidad y el sosiego que el momento requería.
-- ¡Necesitamos hablar con Juardo! ¡A eso hemos venido! El sistema de comunicación que inventó es absolutamente necesario para derrocar a los militares el día de mañana.
Kors: Pues no va a ser posible. No hay manera de comunicar con él. Desde hace quince días no hemos vuelto a hablar con él.
-- ¿No hay alguna forma de contactar con Sevilla?
Kors: Pero si Juardo no está en Sevilla.
-- Entonces...
Leo: ¡Está en la Sierra de Huelva!
Franpan-- ¿En la sierra de Huelva? ¡Qué buen jamón hay en esa Sierra! Me parece Coyote que vamos a tener que ir a buscarle, voy a tener que renunciar a mis principios de "hombre íntegro" y bajar hasta Huelva, aunque pasen cosas "mu malísimas". ¡Que le den a Pablo!
-- Espera, espera que nos enteremos. Entonces ¿dónde está Juardo?
Kors: En Aracena, en casa de su familia. Sus abuelos tenían una casa en las afueras del pueblo y allí están.
-- ¿Cómo que allí están? ¿Con quién más ha ido? ¿No está sólo?
Kors: ¡Carlos Balich está con él! Y alguno más, pero no sabemos cuántos. No se puede comunicar con ellos. Conseguimos hablar con Juardo el día de la huida de Sevilla y nos dijeron que estaban bien. Que se iban a Aracena, que los buscáramos si era necesario.
Franpan: Osea, que Dios los cría y ellos se juntan. La "puta la guerra" habitualmente separa a la gente e incluso a las personas y los ilustrísimos miembros del foro se han ido juntando "de poquito a poquito" por toda España. Parece una película del Paco Martínez Soria…
Demonio: ¡Que no, Franpan! Balich estaba en Sevilla por motivos de trabajo y de Sevilla nadie pudo salir cuando se sublevaron los militares. Como a la única persona que conocía era a Josemi Juardo, a pesar de sus diferencias ideólogicas, que eran bastante grandes como tú sabes, le buscó y se quedó con él. ¡Ya está! Están juntos por las circunstancias, nada más.
Franpan: Por las circunstancias y por "la puta la guerra".
Kors: Además, salieron de Sevilla a toda prisa. Algo gordo han debido hacer porque se han tenido que ir rápidamente. Esperemos que lo hayan conseguido, sea lo que sea.
Leo: Esperemos.
Franpan: Esperemos… y ¡échame otro trago de la botellita que el hombre "pa ser hombre tiene que estar bien alimentao y bien "bebío"!
Entre el aguardiente de hierbas y alguna que otra cachimba que fumamos del tabaco de Franpan, la tarde fue pasando en la pequeña casa de la calle General Ahumada. Había que reconocer que aquel tabaco no sabía mal y que, transcurrido un rato desde su consumo, relajaba bastante. No sé si Franpan tenía la receta de lo que tenía destripado en aquella bolsa o, por el contrario, cada vez que agotaba el contenido y quería fumar inventaba una nueva fórmula. La verdad es que la mezcla que probamos no estaba nada mal.
Nuestros planes tendrían que cambiar si Juardo no estaba en Sevilla. Tendríamos que ir a buscarle a Huelva. Era imprescindible que le viéramos. Sólo él sabía los códigos del sistema de comunicación. Él lo había inventado y él nos los tenía que procurar. Por otra parte, teníamos que sacar a Korrone de Plasencia porque su estancia en aquel sótano no era ya segura, llevaba demasiados días en el mismo sitio. Le buscaban los militares y tendría que escapar. Lo mejor era que volviera con Franpan a la finca, allí estaría bien. Leo tendría que permanecer en Plasencia. Su trabajo junto a los militares podría resultar ventajoso para todos nosotros en un momento dado y Demonio, que también hacía transportes ocasionales para los militares, debía permanecer allí.
Decidimos que esa misma noche Franpan y Korrone partieran hacia la finca. Volverían por el mismo camino que nos había traído a nosotros. Un autobús hacia Brozas partía a las cinco de la mañana y era más seguro viajar de noche, porque no había casi vigilancia. El único obstáculo que podrían encontrarse hasta llegar al cortijo era la cuadrilla de Joaquín Pilo, al que no habría forma de explicar el regreso de Franpan, o que nos hubieran robado la moto. No obstante, a todos nos pareció el plan más seguro y así decidimos acometerlo. Saldrían de madrugada.
Por otra parte, Demonio tenía que ir por la mañana a Mérida a llevar un vehículo a la base de los militares. Antes del conflicto, David se había dedicado profesionalmente al transporte de vehículos para las casas de alquiler y renting. Ahora, de vez en cuando, lo hacía para los militares. Leo le había procurado el trabajo que, aunque ocasional, justificaba su presencia en Plasencia. Ellos debían permanecer en la ciudad e informarnos, cuando el sistema de comunicación funcionara, de los movimientos de los sublevados.
-- Pero ¿cómo voy a llegar yo hasta Aracena? ¿Sabéis dónde esta ese pueblo?
Franpan: Ese pueblo está en la Serranía de Huelva y tiene unos jamones que te "despelotas sólo de verlos".
Demonio: Yo mañana temprano voy a llevar el Mercedes a la base de Mérida. Lo tienen que usar para el desfile. Hasta allí te podría llevar. Pero luego…
Kors: No es buena idea porque en Mérida no tenemos a nadie que te eche una mano. Sin embargo en Cáceres, sí. Tenemos a Moraes. Él te podrá ayudar. Para llegar hasta Huelva necesitas salvoconducto y sólo Moraes te los puede proporcionar.
Franpan: ¿Luismi de Moraes falsifica pasaportes? ¡Qué figura!
Demonio: No son pasaportes, son salvoconductos. Para circular o viajar hasta Huelva por la zona de los sublevados necesitas un documento que te autorice y Moraes los hace en su taller. En la trastienda de su joyería hace de todo. ¡Tienes que ir allí!
Leo: Pero le llevas tú, Demonio. Paras en Cáceres y le dejas. Luego continúas camino a Mérida. Yendo contigo no tendrá problemas para llegar hasta Cáceres.
Kors: Así lo haremos.
Fran y Kors acababan de salir. Leo les acompañó hasta que montaron en el autobús de F. Royo que hacía la ruta Plasencia-Portalegre. Aunque el autobús hacía parada en Brozas y Valencia de Alcántara, ellos debían bajar en Brozas y continuar en moto, ya que los controles militares se realizaban con regularidad a partir de ahí y, con total seguridad, en Valencia de Alcántara, último punto antes de la frontera con Portugal. A partir de Brozas debían volver a coger carreteras secundarias y caminos. No habían encontrado ningún problema por las calles de Plasencia y la estación estaba vacía a esas horas de la madrugada, como suponíamos. Tres pasajeros con cara de sueño y ellos dos. Con un poco de suerte, a mediodía llegarían a la finca y podrían comunicar a los demás nuestras andanzas. Demonio se quedó conmigo en la casa. Habíamos conseguido dormir todos hasta las cuatro y esperábamos con impaciencia el momento de irnos. Café caliente de puchero, esta vez del malo, amenizaba lo que sería una larga espera ya que no podríamos partir hasta las nueve y media, hora en la que Demonio debía recoger el vehículo que nos llevaría hasta Cáceres.
El Coronel Tórpez había instaurado un Directorio Militar parecido al que Primo de Rivera había proclamado en 1923. Había establecido lo que llamaba el Nuevo Militarismo Civilizado y nombrado como presidente del país al General Macuto, que invocó la salvación de la patria y la liberación de los españoles de los "profesionales políticos" en su primer mensaje al pueblo. ¡Ese era el tapado! El General Macuto había sido jefe de la División Mecanizada Brunete número 1, hasta que el Consejo de Ministros del antiguo gobierno de Aznar le nombró Jefe del Mando de Personal del Ejército de Tierra, pero unas declaraciones suyas en un acto ante el Ministro de Defensa provocaron su destitución y pasó a la reserva. Desde ese día, había estado maquinando la forma de dar el golpe de estado. El éxito de los militares se debió, en cierta medida, a que Macuto no había dado la cara hasta el final. Su nombramiento como Presidente había causado gran sorpresa entre los sublevados y una desazón terrible en los constitucionalistas. Tenía fama de duro. Ahora empezaba a encajar todo, el puzzle se había terminado de formar. Su toma de posesión en el antiguo Congreso de los Diputados, que pudimos ver en aquella vieja televisión, se retransmitió durante el telediario de las nueve de la noche por todas las cadenas.
Llegada la hora de partir, Demonio se presentó con un flamante e impecable Mercedes 500 gris oscuro que nos llevaría a Cáceres. En aquellos días, creo que en cierta medida antes del conflicto también, viajar de un tirón desde Plasencia hasta Cáceres en un vehículo como ese era todo un lujo. Sin problemas de gasolina y sin los renacidos olores del interior de los autobuses, donde por ser el único medio de transporte se permitía llevar de todo. No era raro que se transportaran dentro del compartimento de pasajeros gallinas y todo tipo de enseres.
Por el camino encontramos dos controles, uno en el cruce de Serradilla y otro en el Tajo, dejándonos pasar inmediatamente al comprobar las credenciales del vehículo. Llegamos a Cáceres sobre las once de la mañana y Demonio me llevó hasta la misma puerta de la joyería de Moraes, en pleno centro de la ciudad, donde se despidió rápidamente para continuar viaje y llegar a Mérida a la hora esperada y, de esta forma, no levantar ningún tipo de sospechas. La calle estaba casi vacía. Si no fuera porque la ciudad estaba adormecida, más bien medio muerta, desde que estalló el conflicto, me hubiera parecido una mañana de domingo cualquiera. Tras los cristales se vislumbraba la figura de Luismi. Aunque no estaba sólo, era el momento de entrar.
-- Buenos días, ¿venía por lo del reloj? – se adelantó Moraes a lo que yo pudiera decir-.
-- Esto.. sí, sí.
-- Pase al almacén. Creo que mi ayudante ya lo tiene preparado. Nos ha costado un poquito de trabajo, pero se lo hemos arreglado.
Me dirigí hacia la parte trasera de la tienda mientras Luismi seguía atendiendo a una señora de mediana edad. Al entrar en aquel almacén y de espaldas a la puerta, un individuo corpulento se afanaba en colocar una pieza dentro de lo que parecía un antiguo portátil. Al percatarse de mi presencia, giró su cabeza y me sonrió.
-- ¡Joder! ¿Pilo?
-- ¡Joaquín Pilo para servirle, el brazo armado de la victoria! –dijo alzando su mano derecha al frente y mientras sus carcajadas se oían por toda la tienda -.
-- ¡Serás cabrón…!
Continuará...